Opinión / OCTUBRE 24 DE 2021

La B, una cuestión de tiempo

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Deportes Quindío venció el viernes a Alianza Petrolera y se resiste a decir adiós, por lo pronto, a la máxima categoría del fútbol colombiano. En estas situaciones uno tiene dos opciones: analizar con el corazón o con la cabeza.

Con el corazón, uno sueña que el equipo, ese que uno ama desde que pisó este mundo, gane los 5 partidos que quedan y que sus rivales dejen de sumar. Me imagino cómo sería diciembre de hermoso si eso pasara.

Pero creo que el corazón es más decisivo en una cancha que a la hora de analizar. Desgraciadamente, haciendo una proyección basada en lo que ha sido Quindío este semestre, sus rivales y la misma historia del onceno cuyabro debo decir que Quindío está descendido —para mí y a pesar de mí—.

Bienvenidos los que aún sueñan; los envidio, quisiera montarme en ese bus de los sueños y no sentir ese amargo en mi garganta cada vez que hablo, como y respiro, pero la realidad no me permite, en esta ocasión, mentirme. 

Claro, esto es fútbol y todo puede pasar, por eso hay que luchar mientras exista la posibilidad matemática, pero sin la frialdad y el descaro con los que se jugó ante Pasto, los dos partidos, y ante La Equidad. Para mí, Quindío sentenció su descenso ante el equipo asegurador. Ese día jugó con tan pocas ganas que es imposible creer que un club que quiera salvarse salga a hacer tan poco, sin sonrojo alguno. 

Ah, es que 7 puntos se pueden descontar. Vaya descuéntelos con una nómina tan corta, con bajas por lesiones y decisiones administrativas cada fecha, con un equipo desmotivado y con varios jugadores en un nivel aterrador, frente a equipos que tienen más jerarquía en sus nóminas, que están recibiendo incentivos, entre otras cosas.

En los partidos que restan, creo que Quindío alcanzará a sumar 5 o 6 puntos. Por su parte, analizando el calendario, obviamente, considero que Pereira sumará como mínimo 9 unidades; Jaguares, 6; y Patriotas, 3.

No soy un chamán —aunque tengo la cara—, pero cuando uno conoce medianamente puede hacer algo más que analizar hechos cumplidos. Para hablar de lo que ya pasó con el Quindío hay muchos expertos en la radio y en las redes sociales, pero pocos se atreven a hacer pública sus proyecciones por el temor a quedar expuestos si fallan. En ningún momento les estoy vendiendo una verdad absoluta —no fui al futuro y vi cómo terminan las cosas—, solo comparto aquí lo que pienso.

Y deseo con mente y corazón estar equivocado. Ojalá me toque sacar una columna en un mes pidiendo perdón. Si eso llegara a pasar, me postraré a los pies de jugadores y cuerpo técnico y les pediré perdón, besaré sus manos, lloraré de alegría, pero avergonzado por no creer en un deporte donde nada está escrito a pesar de que todo parece estarlo. Pero sé que eso no pasará, qué tristeza…

Nota: el primer interesado en que yo esté equivocado soy yo mismo. Con el corazón, seguiré esperando el milagro.
 


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