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Opinión / MARZO 15 DE 2023

La educación, asunto eludible

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

A Alejandro Gaviria se le ha otorgado, con liberal largueza, desde sus primeros lances políticos, el devaluado mote de “hombre de ideas”, más por aptitud de comunicador ilustrado, formado en ciencias económicas a partir de la ingeniería civil, y cumpliendo a cabalidad el itinerario trazado para dilectos delfines del establishment. Hijo de encumbrados ex funcionarios, egresado de Los Andes, nicho universitario de la gran burguesía nacional, posgrados en el exterior, empleos en organismos internacionales, profesor y durante breve lapso rector de la misma institución donde cursó su pregrado, Gaviria adquirió desde edad temprana la disciplina de buen lector y productor de textos, derivando luego hacia el periodismo y la actividad intelectual. Ministro de Salud durante la administración Santos, sea esto meritorio o reprochable, según la opinión que se tenga de aquellos ocho años de erosión institucional. En cualquier caso, la dilatada permanencia en una compleja cartera, le permitió participar en los complejos intríngulis del poder político central. Su paso por la rectoría de Los Andes será recordado más por las concesiones abiertas desmedidas, hacia alumnos sumados en forma activa y beligerante a la “protesta social”, promovida y aleccionada por la izquierda, que por ejecutorias relacionadas con la rectoría a su cargo.

Las sesudas columnas de prensa y los eventos expositivos, donde su nombre sonaba, no bastaron para asegurarle la aceptación popular. Tras el fracaso en las consultas previas, el ex Rector y ex ministro se apresuró a conceder apoyo a Gustavo Petro, circunstancia que por fuerza lo acercó al proyecto electoral del ex M19. Oportunismo o estrategia de mediano plazo, aquel apoyo temprano al actual presidente, sumado al buen nombre obtenido durante su vida pública, valieron para ser incluido en la plantilla ministerial de arranque. El encargo: Ministerio de educación; ¿por qué no salud? Quienes siguen y admiran a Alejandro Gaviria como hombre público inteligente y capaz, esperaban brillo y trascendencia en el cumplimiento del encargo. No obstante, lo efímero de su permanencia, y la falta de empeño y políticas claras en el manejo y proyección del sector educativo, impidieron el triunfo glamoroso deseado. Hay consenso sobre la necesidad de un impulso vigoroso, definitivo a la educación de nuestras juventudes.

Coincidimos la mayoría de colombianos en considerar que un país sin un sistema educativo adecuado a los retos del futuro no tiene ninguna posibilidad de allanar abismos sociales internos y diferencias abismales en calidad educativa respecto a países avanzados. 

Sin embargo, la educación y su problemática, a todas luces no serán abordados con suficiencia y eficacia por este gobierno. Prueba de lo anterior: en reciente y extenso reportaje al ex ministro Alejandro Gaviria, con periodistas de una importante cadena informativa, donde se tocaron desde anécdotas coloquiales hasta asuntos casi, casi, “serios”, no se mencionó ni de manera tangencial su desempeño, proyectos, logros o frustraciones, al frente de la educación colombiana. Pareciera, como alguien lo sugiere, haberse planteado un ominoso pacto de silencio entre periodistas y entrevistado.  


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