Opinión / MAYO 18 DE 2022

La fiesta de los indecisos

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El olor a carne asada con plátano maduro se mezcló con el del marrano que se chamuscó en el patio. En un rincón de la casa en donde se llevaba a cabo la fiesta, una mujer con la delgadez de una secuestrada y con acento francés, miraba a todos con desprecio mientras se inclinaba ante el grancolombiano montado sobre su yegua. A este hombre de cabellera blanca se le notaba el odio y hambre de poder.

Al adentrarme en el amplio portón caminé por un largo corredor lleno de anturios de todos los colores, en donde sobresalían los rojos y azules desteñidos que antaño tenían la fuerza de los ideales partidistas. Pese al tumulto de gente a la entrada, logré llegar al comedor. Allí estaba un puñado de hombres elegantes que se repartían la riqueza del país. Al verlos, solo recordé la imitación barata que tenía mi abuela del cuadro de los perros que jugaban al póker.

La casa solo tenía una planta, pero muchísimos cuartos y corredores. Mientras avanzaba por estos, sorteaba a toda clase de aduladores. Unos discutían y se señalaban. Otros se tiraban insultos llenos de rabia. Algunos no participaban y, enmudecidos, presenciaban cómo todo lo destrozaban los fanáticos enardecidos. 

Cerca de la cocina estaba la peor refriega. Quise acercarme para ver quiénes estaban en el lugar, pero una turba enfurecida impidió que lo hiciera. De lejos alcancé a notar que el ídolo de un pacto se encontraba al lado del fogón de leña mientras cocinaba su presidencia. Al lado estaban toda clase de lagartos y sapos que antes eran señalados como politiqueros y ladrones. Ahora han recibido un perdón social conveniente. 

Seguí caminando y me topé con un patio oscuro y descubierto. Presumí que iba a encontrar aire fresco y renovado, pero en realidad olía al descontento y a la desidia de los últimos cuatro años de gobierno. Y no me equivocaba. En penumbras se encontraba un señor bonachón que tocaba la guitarra y hacía jugadas con un balón. Y al lado estaba otro hombre desgarbado y mal hablado, con un cierto acento a parcero de barrio. Por un largo rato los escuché hablar y reírse. La irrelevancia de sus propuestas solo me llevó a pensar en que seguiríamos jodidos con el continuismo.  

Dejé a un lado el extenso solar y me adentré a un bosque pequeño con un lago en la mitad. Vi a un hombre solitario y ensimismado. Parecía estar buscando ballenas en aquella extensión de agua. De toda la fiesta, este hombre era el más tranquilo y pacífico. Sin embargo, su postura le hizo alejarse en extremo de todo lo que había pasado en el país. Se ausentó cuando más lo necesitábamos. Él mismo se autodestruyó. 

Desesperanzado terminé dejando esta fiesta democrática. Me devolví para mi casa aburrido y preocupado porque esta es la hora en que miro para el techo y siento que ni un ingeniero podría convencerme de votar por él. 
 


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