Opinión / AGOSTO 16 DE 2021

La historia 

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La biografía se considera un testimonio de una vida fecunda que cruza la barrera del tiempo y debe permitir comprender y entender una época, requiere encuadrar el personaje e ilustrar la época a través del mismo. La biografía permite observar el cruce de acontecimientos que enmarcan el sujeto en su época. Esta alcanza legitimidad histórica, si permite señalar momentos problemáticos que se inscriben en el transcurrir del biografiado. La historia debe ser problema, no historia narración. La historia es una disciplina que busca explicar, comprender, e interpretar los acontecimientos y hechos en el tiempo aplicando principios, técnicas y métodos propios de la disciplina. 

Dicho esto, es bueno preguntarse si el escrito “Pinceladas” de don Gabriel Echeverry es realmente una “contribución a los estudios históricos regionales”, tal como lo pretende el narrador. Seleccionar personajes para contar cuándo nacieron, qué y dónde estudiaron, con quién se casaron, cuántos hijos tuvieron, qué hicieron, los cargos que ocuparon, qué emprendimientos tuvieron podría ser información valiosa si se ubican en contexto para saber qué importancia tiene el personaje como actor social de una época. 

En aras de la discusión admitamos que es un texto histórico, cuyo contenido se enmarca en la historia tradicional. Estas narrativas hicieron crisis en la década de los años 50, cuando aparece la nueva historia, la historia problema. Las narraciones biográficas que daban cuenta de perfiles y acciones de presidentes o de personajes sin contexto fueron superadas, después de haber aburrido a varias generaciones de estudiantes. Es preocupante enviar un mensaje equivocado de lo que puede ser una contribución a la historia. 

Un texto histórico biográfico debe además ser escrito con precisión y una narración sobria. ‘Pinceladas’, por el contrario, es abundante en términos ampulosos y tupido de adjetivos grandilocuentes donde los personajes aparecen lineales, sin conflictos, sin problemas ni contextos. Los artículos del narrador titulados “Me encontré en la vida”. Siempre con personajes “ilustres”, “distinguidos”, “majestuosos”, de singular brillo, “notables”, “exitosos”, “afamados”, “con muchas distinciones”, “honorables”, “cordiales”, “de epopeyas monumentales”, “descollantes”, casados con bellas y elegantes mujeres, miembros de valiosos grupos cívicos, de actividades altruistas, etc., etc., etc. Bien decía Leclerc “El Estilo es el Hombre” 

No obstante, los historiadores profesionales y experimentados que suelen utilizar como fuentes el universo más completo de documentos, podrían encontrar algún provecho en la información contenida en los textos de don Gabriel, ese puede ser su mérito, pero es dudoso que el texto mismo sea un aporte a la historia regional que permita comprender los acontecimientos, problemas y conflictos de una época. 

Está claro que en el ejercicio de escribir el narrador es libre de escoger los temas y personajes y presentarlos como desee, pero hay que tener cuidado a que marco disciplinar pertenecen, máximo si cuenta con el respaldo y la publicación de una institución tan prestigiosa como la Universidad del Quindío. Pocos docentes con producciones meritorias tienen este privilegio. 


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