Opinión / SEPTIEMBRE 10 DE 2017

La persona como ser moral

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"El caso es que si a la persona se le desprovee de títulos, riqueza, posición social, rangos y otros atributos ¿qué queda de ella?"


Nombre, familia, lugar de nacimiento, nacionalidad, país, sexo, estatura, estudios, estado civil, estrato socio económico, constituyen de cierta forma el ser de la persona. A partir de ellos se concibe una unidad psíquica que los integra y los armoniza como elementos de experiencia interior. El desarrollo biográfico (la historia personal), una concepción de sí mismo (ideales de sí mismo que surgen a la consciencia), una conducta pragmática con lazos de participación ética, vienen a ser entonces los trazos de su identidad. Continuidad en el tiempo y que en ella se   destacan la constancia de emociones y de sentimientos y la garantía de cumplir, en lo que va de su existencia, la promesa de su realización personal.

Una  regularidad de atributos, por la coherencia de ideales, modos de comportamiento y evolución, concordia y reciprocidad en las relaciones sociales. 

El caso es que si a la persona se le desprovee de títulos, riqueza, posición social, rangos y otros atributos ¿qué queda de ella? ¿En qué radica su valor? ¿Qué es del individuo sin atributos y sin la importancia personal que es el producto de la simple imaginación? ¿Existe acaso una materia, una estructura y una naturaleza del carácter de cada individuo a partir del cual se erige la personalidad? ¿O es la persona “una sustancia racional, indivisible e individual” como fue tradición en la filosofía medieval a partir de Boecio? En la actualidad, más que de una sustancia de persona se espera de ella un comportamiento en términos de interacción humana y conducta social. Para el efecto, la noción de persona comporta tanto un ideal como una realidad, pues el individuo se ve a sí mismo como un ser autónomo que asume una conducta ante influencias accidentales y circunstancias determinadas y de las que espera salir avante con un valor ejemplar.

Debido a la existencia de una pluralidad de personas la dificultad estriba en saber el tipo de personalidad que tiene lugar en razón a las pasiones, motivaciones e inclinaciones del individuo. Hay personalidades problemáticas, románticas, inestables, armónicas, fingidas, verdaderas, etc., el asunto está en una sociedad que privilegia el valor moral de la persona. Se supone que al facultar un valor, y por los esfuerzos en ese sentido, la persona estaría protegida de emociones que se apoderan de ella y de inclinaciones con que tropieza pero que contribuyen a su vez a una síntesis más sólida de su ser. Una conciencia crítica y un don más elaborado de sí misma es lo que convoca a la persona en su integridad moral.


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