Opinión / ABRIL 15 DE 2021

La televisión vive

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

La televisión convencional, esa que llega por una antena que está en el techo, o por el operador de cable, no ha muerto ni está en coma, se transforma y se adapta a un ecosistema cambiante y se afianza en los géneros y formatos realizados en vivo y en directo.

Un zafio local, mal informado, ha anunciado el ocaso de la televisión regional ante la televisión extendida, sin tener idea de lo que habla —en una entelequia demagógica propia de su mal maestro—.

A la televisión la están matando desde hace muchos años, tal como dijeron que moriría la prensa con la llegada de la radio, o la radio con la pantalla chica. Lo que realmente ha pasado es un fenómeno que describió Marshall Mcluhan con esta frase: “El contenido de un medio es otro medio”; con una vuelta de tuerca Bolter y Grusing complementaron el concepto y lo llamaron remediación. Lo que sucede es que, con la aparición de las nuevas formas de mediación, se reconfiguran los canales existentes de tal manera que aportan sus características a los nuevos, que las adaptan narrativamente a sus particularidades técnicas. Al final, hay un completo y no una sustitución.  

Según una investigación de la consultora ß “La TV paga lineal no sufrió pérdidas de suscriptores a manos del “streaming” en Colombia”, en cambio, aumentó alrededor de 279.000 suscriptores, en relación al 2020.

Lo anterior respecto los usuarios de cable, en cuanto a la audiencia, es decir, los televidentes,  es pertinente destacar que la televisión en Colombia está operada por privados y por el Estado. La TV privada está tan ‘aburrida’ con las concesiones, que las siguen renovando y pagando cada 10 años y han hecho todo lo posible por mantener el monopolio y no dejar entrar un tercer canal privado —es sarcasmo, por si el zafio no entendió—. Es cierto sí, que han bajado los niveles de audiencia, pero también lo es que la programación que ofrecen en estos canales es generalista, luego,  obvio que algunos televidentes temáticos se queden en el cable o busquen contenidos en las OTT. 

Por el lado de la televisión pública el rating no juega —o no debería jugar— un papel preponderante, ya que la función fundamental es construir identidad y ser recolector y guardián de la memoria audiovisual de los territorios. En esa medida, la televisión regional juega un papel fundamental: cubrir zonas inalcanzables para los medios comerciales, a los que no les interesan comunidades que no son consumidores, sino ciudadanos, como diría Martin-Barbero.

En 2019 cuando el gobierno nacional estaba promoviendo la aprobación de la ley 1978, uno de los principales argumentos fue la necesidad de ampliar la penetración del internet en el país. Decía el viceministro de Conectividad que “La diferencia de penetración entre zonas urbanas y rurales es más del 32 %, condición que se agrava por estratos socioeconómicos incluso a nivel municipal” y que el 50 % de los hogares colombianos no tiene internet.

 Esto lo que quiere decir es que, si bien es inminente la digitalización, no es un hecho que todos los colombianos puedan acceder a los contenidos allí gestionados, por ende, refuerza la importancia de la televisión regional al ser la única que llega a zonas no cubiertas por otros medios, proporcionando información y entretenimiento a donde no alcanza el internet.

Esa es la importancia de que a los canales regionales lleguen profesionales que sepan de qué se trata la industria, y sobre todo que entiendan el papel de un medio público. No gente que busque dividendos o producir contenidos para competirle a Netflix.

Nos vemos en la red (0)
 


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