Opinión / FEBRERO 25 DE 2021

La voz de la esperanza

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Cuando escuché la noticia del fallecimiento del periodista Herbin Hoyos Medina, recordé las múltiples ocasiones en las que conversamos. Lo conocí a mediados de 1994, luego de ser rescatado por el Ejército Nacional en una operación contra las Farc. El 13 de marzo de ese año, fue abordado por un par de milicianos en las instalaciones de Caracol, en la ciudad de Bogotá. Tras engañarlo, los subversivos lo forzaron a subirse a un vehículo partiendo rumbo al Tolima. Al llegar a una zona boscosa, descendieron e iniciaron una travesía que jamás olvidaría. 

Luego de caminar unas horas entre el monte, los zapatos de oficina con los cuales había salido se rompieron y tuvo que continuar la marcha a pie descalzo. En una ocasión, se resbaló al intentar superar un abismo y perdió las uñas de los pies; aun así, siguió caminando. Los guerrilleros decidieron amarrarlo de la cintura y cruzar una cuerda debajo de los brazos para arrastrarlo. Fueron 17 días de suplicio en los que llegó a pedir que lo mataran. 

En medio de esa odisea conoció a un secuestrado, un señor de edad que permanecía encadenado. “Tenía el cuerpo engusanado, estaba desnutrido y tenía una tristeza que rompía el alma”, contaba Herbin. El señor le preguntó quién era y qué hacía allí, el periodista le dijo que trabajaba en Caracol Radio. Entonces, el improvisado contertulio sacó un radio y lo encendió, estaba sintonizado en esa emisora. Además, le comentó que escuchaba el programa Amanecer en América, conducido por Hoyos los fines de semana en horas de la madrugada, y aprovechó para preguntarle: “¿Por qué ustedes los periodistas no hacen nada por nosotros los secuestrados? ¿Por qué no permiten que nuestras familias nos hablen por la radio? Llevo dos años aquí, siempre escucho la radio y nunca han hablado de nosotros”. En ese instante, en la imaginación del comunicador, nacieron Las voces del secuestro. 

Difícil hacer una semblanza de este periodista huilense, un trotamundos que tuvo que vivir experiencias que desafían la imaginación. Viajó a España siendo muy joven, gracias a una beca, e inició un recorrido que lo llevaría a Bagdad, donde presenció el inicio de la guerra del Golfo Pérsico; allí, lo detuvieron los rusos porque creyeron que era un espía y casi lo fusilan, pero logró escaparse. También fue voluntario de la Media Luna Roja —Cruz Roja— y se convirtió en corresponsal de guerra —cubriendo conflictos en Irak, Yugoslavia, Sarajevo, Belgrado, Ruanda, Angola, Sierra Leona, Chechenia, Palestina y Bosnia—. Incluso, viajó con los hinduistas al Tíbet, lugar en el cual hizo todo el proceso tibetano, y convivió con cristianos ortodoxos en Rumanía. Tiempo después, se convirtió al Islam. 

Hoyos fue testigo de excepción del dolor de muchos secuestrados y sus familias; precisamente, su espacio le permitió saber a los cautivos que sus hijos habían crecido e iban a la escuela, que sus familiares habían fallecido esperando su regreso, que sus parejas todavía los amaban. Por eso, cuando salió al aire el primer programa, le habló a don Nacianceno Murcia Correa, el hombre que, con su reclamo, dio vida a una voz de esperanza que devolvió el alma a cientos de plagiados: “Usted tiene que aguantar don Nacianceno, tiene que resistir, va a regresar. Usted fue quien inspiró esto que estoy haciendo. Ya hablé con su esposa; ella ya sabe de usted”. 

Gracias, Herbin.


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

copy
© todos los derechos reservados
Powered by:Rhiss.net