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Opinión / AGOSTO 17 DE 2009

Lactancia para la vida

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Durante el mes de agosto se celebra el mes de la Lactancia Materna, y desde los organismos de salud de todos los niveles, se promueven campañas publicitarias y educativas, para fomentar que las madres brinden a sus bebés este preciado alimento.

Luego de albergar a un hijo o hija durante nueve meses en el vientre, y experimentar su formación como un magnífico milagro que ocurre dentro de la madre, ella tiene la magnífica opción de producir uno de los más completos elementos nutricionales de los que se tenga noticia: la leche materna.

Este líquido tan maravilloso como misterioso, posee todas las vitaminas y anticuerpos que ese pequeño ser necesita, y es tan completo y poderoso, que suple todas sus carencias nutricionales durante los primeros cuatro meses de vida.
Luego, se convierte en complemento ideal de las frutas, verduras, cereales y demás componentes que de manera gradual se van incorporando a su dieta, hasta lograr su completa integración a la mesa familiar.

Dicen los pediatras que durante los dos primeros años de vida es posible que la mujer alimente a su hijo con el fruto de su pecho, y eso, constituye sin duda un maravilloso regalo de Dios.

Sin embargo, los tiempos modernos, los afanes de la vida urbana, la condición de mujer trabajadora que casi toda madre ostenta, hace que la lactancia se vaya convirtiendo en una experiencia breve, tanto para ella como para la criatura. Así el “destete” se produce muy pronto, y ese alimento de gran complejidad y valor es reemplazado por un sinnúmero de marcas de leche en polvo, cada vez más sofisticadas y costosas, pero jamás tan completas y benéficas como la natural leche materna.

Así que es necesario realizar un llamado a las madres de hoy, para que realicen un esfuerzo mayor por prolongar tanto como les sea posible el tiempo de alimentación a sus hijos e hijas con su pecho, a vivir con intensidad la gratificante experiencia de lactar y permitir a sus bebés que accedan a las innumerables ventajas de este alimento ¡directamente inventado por Dios!

Son muchas las razones que sirven como argumento para convencer a las madres de lactar a sus hijos la mayor cantidad de tiempo que sea posible, de estimular a sus senos para que produzcan más alimento y sobre todo, de hacer de la lactancia, una práctica que además de saludable para los niños y niñas, se convierta en un factor fundamental para la consolidación de la relación de amor y comunicación que existe entre la madre y su hijo.

La leche materna es más que un alimento… Es una entrega generosa y dulce, desinteresada y afectuosa, de amor y ternura, es un momento de magia entre madre e hijo, es una oportunidad para seguir siendo uno, aun después de la salida del vientre y una ocasión para darle lo mejor… Y entregarle herramientas de nutrición y protección que hagan de él o de ella, un bebé sano, fuerte, feliz, rozagante y hermoso.

Las mujeres podemos hacer más, porque la lactancia materna se convierta en una práctica prolongada, en beneficio de nuestros hijos y de nosotras mismas también, pues pocas experiencias entregan tanta alegría como alimentar al fruto de nuestras entrañas con nuestro propio pecho.

angelaquindio@hotmail.com


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