Opinión / SEPTIEMBRE 24 DE 2015

Las Sandras

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Lo confieso: poco me asombra la virulencia de los militantes de la causa fucsia —los mismos que defienden con las uñas y los dientes la bondad del gobierno de Sandra Hurtado y la candidatura de su adlátere Sandra Gómez—. Ninguna sorpresa me producen las andanadas de insultos que se hace merecedor quien ose señalar una verdad visible para cualquiera: estos cuatro años han sido pobrísimos en resultados a favor del bienestar departamental. Para ratificar lo antes dicho no hacen falta maestrías ni estudios doctorales: los índices sociales del Quindío hace rato provocan alarma.

Y, ¿qué hace la tropa sandrista al respecto? ¿Combate, acaso, los flagelos del desempleo, el hambre, el sicariato, el consumo de sustancias alucinógenas? No. Mientras la señora gobernadora monta una fanfarria con bombos y timbales por cualquier cosa –por el extenso publirreportaje de la revista Semana, por la inclusión de su nombre en la lista de los mejores gobernadores del país en reemplazo del gobernador vinculado con los Nule–, los turiferarios atacan sin clemencia al crítico, olvidando que este le sirve a la democracia pues al no tragarse entera la versión oficial se constituye en una especie de defensor de la ética y la honestidad. En las horas de la madrugada el articulista sensato es blanco de escupitajos de los lacayos: ellos, casi siempre protegidos en las redes sociales por las sombras de los perfiles falsos, dejan mensajes en los foros virtuales de este diario. No tienen argumentos, por eso acuden al expediente de la ramplonería. Escriben sin prestarle atención a las normas básicas del debate y de la ortografía.

Convierten al contrincante en un enemigo movido por malévolas fuerzas: el ciudadano que no esté con ellos hace parte de un complot contra la gobernadora. No caen en cuenta que la principal enemiga de la causa fucsia es la propia Sandra Hurtado con sus salidas en falso.

Acá lo repito alto y claro: Sandra Hurtado no se tomó en serio su papel de gobernadora. Todos sus actos y declaraciones respondieron a un detallado cálculo electoral. Asumió su tiempo en el piso 19 como un peldaño para ser nombrada viceministra en la hipotética presidencia de Vargas Lleras, el auténtico mandamás de nuestra comarca. O, a lo mejor, una etapa previa al escaño parlamentario. De ahí que su Gobierno Firme en lugar de cimentarse en la ejecución de proyectos lo haya hecho en las estrategias publicitarias para darle lustre a su imagen de diva fucsia. ¿Qué diré de Sandra Gómez? Lo obvio: la señora carece de los elementos conceptuales necesarios para sacar al Quindío de la miseria. A ella, amiga de salir en las fotos haciendo con las manos la figura del corazón, no le gusta el intercambio de ideas: no fue a los foros convocados por los animalistas y por comunicación social de la Uniquindio. Escucharla en la plaza pública es oír el disco rayado de la clase dominante regional: por falta de una mirada panorámica repite los clichés que hacían a mi abuelo no ver diferencias entre los políticos. El Quindío está hasta la coronilla de las bravuconadas de Sandra Hurtado y no está dispuesto a ser más el patio de atrás de Cambio Radical: vienen los caciques de ese partido a cosechar votos y sanseacabó.


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