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Opinión / MAYO 21 DE 2020

Líderes destruyen a Colombia, final

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Sin imaginar lo que generó la vicepresidenta de Colombia, Marta Lucía Ramírez, con su expresión de “atenidos”, le regaló a Colombia la oportunidad de ver más a fondo esos funcionarios segregacionistas, que saborean inmensos beneficios muy claros para todos, pero por años, ocultos por los líderes y la alta jerarquía del Estado. Abrió una ventana para conocer más esa desigualdad e injusticia que hoy vive y sufre la sociedad colombiana, ellos sí señalados como los vividores del país o los famosos “atenidos”.

Hoy se vive un resultado acumulado de años, fruto de labores negociadas por esos líderes con deleites placenteros para unos, pero terribles para otros, donde los ciudadanos percibieron cómo fueron vilmente utilizados como borregos inútiles para impulsar a unos líderes que salieron destructores.

Esa historia democrática, que nace después del 91, hoy se frustra otra vez, llenando al país de desigualdad social, económica y laboral, fruto del pecado de líderes que, por rebuscar intereses políticos, económicos en diferentes sectores productivos, prefirieron generar un abandono incesante al pueblo que ya se vive, pero sí formar privilegios perpetuos camuflados para pocos que son los que hoy destruyen las finanzas del país.

Esta es la Colombia de hoy, llena de exlíderes o jefes que, en busca de su ego o poder siguen destruyendo el país, con unos amigos de ellos que inexplicablemente por errores fueron elegidos, unos o muchos, abusadores del cargo, irrespetando nuestra constitución en su delegación, prefiriendo actuar primero para ellos, protegiendo sus dividendos económicos y compromisos políticos, que pensar en la comunidad que los eligió. Ejemplos, sobran.

Presidente, continuar apadrinando la alta jerarquía del Estado, esos “atenidos”, con sus múltiples beneficios como los que disfrutará usted con esas prebendas señaladas en la ley de favores pensionales exclusivos en la presidencia que, por prudencia y respeto al país, se deben modificar por esas limitaciones económicas que usted conoce, que de no actuar se recordará como el creador de ese trapo rojo, sinónimo de hambre y abandono.

Colombia es un país lleno de dificultades, que lo vienen destruyendo, herencia de líderes politiqueros. Lleno de instituciones y funcionarios intocables, mostrando y reflejando grandes diferencias y beneficios que paga el Estado, que al observar lo que se vive y la dimensión de lo que vendrá —desempleo e informalidad creciendo, empresarios con futuro incierto—, se está dando vía libre a ese desastre social económico que subirá más fuerte, sin saber a qué sótano caeremos.

Llegó el momento de tocarnos todos y en todo, pues el soplo de bonanza de regalos que hoy se da y se proyecta dar sanamente, se acabará, sin recursos inmediatos. Un mundo económico sin rumbo, con daños a las finanzas, eternizando a los mismos atenidos y aplanando más a la población en Colombia. Solo queda preguntar: ¿A quién tocará o a quién protegerá?

 


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