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Opinión / MAYO 14 DE 2020

Líderes destruyen a Colombia II

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

La segunda emergencia es el instante oportuno para valorar ejecuciones buenas que existen o las malas pasadas que ya se sufren. Se sabe cómo le jugaron al pueblo los ilustres exgobernantes, con gestiones que hoy desconciertan y desaniman ese interés fingido, pues el descuido o burla es palpable. Después de probar el trapo rojo, abrirán el camino que toca vivir ahora, con el fantasma que viaja por Colombia: hambre, angustia, desempleo y crisis económica.  

Varias regiones del país sufren por esas astucias de exlíderes, que con su interés político aprobaron leyes confusas, crearon institutos, departamentos y cargos, sumando votos y poder sin prevenir riesgos. No crearon otras opciones nuevas de recursos como fuentes para el cálculo de los ingresos, ahora hay incertidumbre en departamentos y municipios con un futuro incierto por la limitación de sus ingresos.

Por pereza y mal enfoque de los 1.103 municipios en el país, ya existen en ellos una inseguridad jurídica y política, donde muchos no cumplirían la ley 617, perderán su categoría y otros pasarán a ser corregimientos y sin recursos para su sostenimiento. Es difícil a corto plazo recibir aportes suficientes por transferencias nacionales y mucho menos locales. Si es así, a dónde ir, ¿existirá transición jurídica en municipios y departamentos? Y sin recursos, ¿quién pagará salarios prestaciones y cargas laborales y las 3 bonificaciones adicionales al año a gobernadores y alcaldes —Dec.314 2020, Dec.1390 2008—? ¿Y los concejales y diputados qué?

No faltará el líder o funcionario asustado que señale la ley 617 Control de gastos y regla fiscal como culpable de los problemas actuales y de ese desastre social económico que vive el país.

Existen otras proezas de exlíderes que, para beneficiar a funcionarios, cedieron una serie de privilegios excesivos, sin calcular el costo que generarían a futuro, con escalas salariales y favores garrafales, identificados como los auténticos atenidos de siempre, que ante las inmensas desigualdades salariales, el creciente desempleo e informalidad, las dificultades financieras de empresas y la del país para combatir la pandemia con déficit que rodea los $ 53billones, se preguntan: ¿seguiremos sosteniendo atenidos y el pueblo pagando para que no se contagien? Increíble.

Es importante conocer la famosa ley 5 del 92, Reglamento del Congreso, es la fuente e inicio de los avances y problemas que hoy vive Colombia. Aprobada hace años y con vida todavía, una ley con la que se beneficia a la alta jerarquía de entidades como la presidencia, Congreso, magistrados, ministerios, militares, institutos, grupo conformado por los pocos privilegiados en Colombia o los grandes atenidos con beneficios que desbordan el cinismo y la vergüenza pública, que han combatido su reforma, pero no ha existido poder político alguno para  cambiarla. ¿Entonces qué hay que hacer?

 


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