Opinión / JULIO 03 DE 2021

Leer en bibliotecas humanas

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Entra a la Biblioteca Humana. Cuando te presten durante 30 minutos el libro, pondremos en tela de juicio todos nuestros condicionamientos. En Copenhague, con mil libros humanos prontos a ser leídos por quienes quisieran escucharlos, sin menospreciar sus carátulas, se fundó la primera, hace 21 años. Este libro es un hombre. O una mujer. Es un joven o un anciano. ¿Los títulos de dichos volúmenes, entre miles más? Soy autista. Crecí en un orfanato. Sufrí abusos sexuales. Soy bipolar. Soy prostituta. Soy transexual. Vivo en la calle. Durante un festival de verano en Europa la idea de fraternidad se la inspiró, tal vez, Seshat, diosa egipcia de los libros y protectora de las bibliotecas, a Ronni Abergel, Dany Abergel, Asma Mouna y Christoffer Erichsen. Miembros de la ONG juvenil local Stop the Violence. Apesadumbrados porque les acuchillaron un amigo común. El objetivo de cada libro humano que se prestaba para leerlo en vivo, era apaciguar la discriminación y violencia entre los jóvenes, reprobando parcialidades y estereotipos sociales y políticos, religiosos, nacionalistas, promoviendo la tolerancia hacia personas de otras culturas. Sentado en algún rincón, con tu libro humano en una silla, podrás escucharlo durante 30 minutos. Sin juzgarlo por la carátula. Ni por el físico diseño de la ilustración. Las bibliotecas humanas enseñan que las personas tampoco se enjuician por envolturas externas. Devuélvelo en buenas condiciones. Sin subrayarlo. Sin arrancarle hojas. En anaqueles vitales de la Biblioteca Humana, descubrirás personas concretas relatando, sin recelos, pormenores de su niñez, juventud o madurez.  Excepcional biblioteca. Tales libros respiran. Balbucean. Hablan en voz alta, dejándose leer-escuchar sin reclamarte nada a cambio. Impresos en carne y hueso para instituir espacios de diálogo libres de prejuicios, donde su íntima temática se debate abiertamente, son fragmentos o capítulos visibles de tus particulares, encubiertas historias cohibidas por miedo. Lo mejor: dichos volúmenes no están reseñados por críticos literarios ni por ramplones booktubers. Nuestros pueblos son ricos en tal antropobibliografía. Necesitamos quién los catalogue, los preste y nos enseñe a leerlos. Para conformar una, descargue de internet esta importante guía: Cómo hacer una biblioteca humana. De Lourdes Epstein y Mayor. 


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