Opinión / MARZO 07 DE 2021

Leer para otros

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Cada vez más compruebo el poder de las prácticas sencillas para enfrentar de maneras más amables los tiempos difíciles. Muchos amigos han implementado durante estas largas horas de confinamiento la práctica de leer en voz alta como una forma de entretenerse, compartir, estar en familia, darle rienda suelta a la imaginación y compensar la inmersión en las pantallas.
Esta es una milenaria tradición que trasmite a través de relatos, historias e imágenes plasmadas en los libros valores, creencias y conocimientos nuevos. Nos ayuda a entender mejor el mundo que nos rodea y al tiempo también a considerar otras dimensiones de la realidad.


Pero leer a otros es una maravillosa acción que va más allá. Es descubrir un sentido que no solo es intelectual, como el de estimular la atención, la concentración, la memoria o ampliar el vocabulario, sino que atiende más al entorno de las emociones. Cuando se crea un espacio, un tiempo y un clima lector se evoca una gama inmensa de sentimientos que nos permiten sentir experiencias distintas, curiosas e inesperadas. 
Hay una magia en la lectura en voz alta y creo que está relacionada con el placer de disfrutar las palabras. Igual si leemos sin preocuparnos de cómo se pronuncia o si el tono de la voz es adecuado o si en cambio se hace enfatizando algunas frases o aumentando el volumen y cuidando la entonación, es igualmente un goce.


Para añadirle más beneficios, resulta que además es una diversión que está a la mano y tiene una fuerte dimensión comunicativa por lo que  es un canal que une distintas generaciones en una conversación cálida y amable que se da sin tener que forzar el diálogo. Hace posible intercambiar sentimientos y emociones que a veces nos cuesta expresar. Es un poderoso conector emocional. Sino que lo digan los niños cuando esperan con ansias la lectura del cuento antes de dormir. 
No es exagerado decir que es el mejor antídoto contra la soledad, el aburrimiento y el estrés. Hacerlo de manera habitual estimula la calma, relaja y alivia las tensiones y si logramos dejarnos cautivar al ritmo de la lectura, con seguridad escaparemos de las preocupaciones. Las ‘fotos mentales’, que se crean cuando somos receptores de buenas lecturas activan el cerebro positivamente, lo que se traduce en la práctica en una experiencia grata y amable que necesitamos tanto en este momento.
Leer a otra persona me trae el amoroso recuerdo de mi abuela, a quien vi siempre y hasta sus 92 años con un libro en la mano haciendo comentarios inteligentes y sensibles sobre lo que estaba leyendo. Los invito a leer en buena compañía y “abandonarse al ejercicio de la voz con los ojos cerrados y la imaginación despierta”.
 


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