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Opinión / ABRIL 06 DE 2024

Los ojos de Mona (1)

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Por estos días en París y Francia, ¿los galos con qué convulsiones psicológicas leerán Los ojos de Mona, de Thomas Schlesser, historiador del arte, si por entre recintos artísticos -tres museos parisinos- donde transcurre gran parte de la acción de esta novela, interrumpen su lectura prescindiendo del universo literario para examinar el panorama político francés, respecto al escenario bélico calculado por el presidente Macron, amenazando con enviar tropas a Ucrania y provocando el rechazo de la izquierda y extrema derecha francesas? “Haremos cuanto sea necesario para garantizar que Rusia no gane esta guerra”, afirmó el obtuso abanderado de la utópica refundación de la Unión Europea. Este político incendiario, si enfrenta a Rusia, conducirá a Francia a la catástrofe. No será lo mismo leer tan interesante libro allí, en alguno de los apacibles jardines parisinos, parque de Buttes Chaumont, parque de Belleville o Jardín romántico del parque de Bercy, regocijándose con las pinturas presentadas desde tal hermosa novela, en un período de inevitable derrota para Ucrania y desestabilidad de la OTAN, que leerla bajo las acogedoras sombras de un gualanday o un caracolí del Quindío, comarca de las más verdichosas de la región Andina, con tal libro como compañero de andanzas por solitarias y seguras veredas calarqueñas. Observo el puntual título mirándome desde la voluminosa novela: Los ojos de Mona. Finalista en Francia del Grand Prix RTL-Lire Magazine Littéraire 2024. Asegura su éxito editorial auspiciada por la descomunal propaganda de libros y autores promocionados desde internacionales vitrinas de la Feria del libro en Frankfurt. Respecto a cualquiera de los autores desde allí realzados, afirman grandilocuentes, y en este caso para encumbrar literariamente Los ojos de Mona, asegurándole ventas masivas: “Un acontecimiento editorial en sesenta países”. Cuantificándolo todo, enumeran cantidades para encandilar lectores. En 2023 sucedió algo semejante con La malnacida, novela de la joven narradora italiana Beatrice Salvioni, de quien escribí en anteriores columnas. Primera novela del citado historiador, me mira directo este título de Schlesser. Y su mirada me agita, como lector apasionado por el arte. Sin cejas, sin pestañas me observan las cuatro oes del título. Exploran en mí al febril lector. Oes como ojos circulares. Ojos huecos por completo. Ojos vacíos. Ojos-oes de ramoniana greguería. Ojos de caligrama mirándome desde un poema concreto. Dos pares de ojos, acechándome desde el sugestivo título de la muy francesa novela que antes de salir a conmover lectores, tenía ensamblada una vasta y efectiva publicidad. El título lo sobrepusieron a la célebre pintura La joven de la perla, del holandés Vermeer. Más de 500 páginas donde asistimos desde el asombro, curiosidad y ternura de Mona, la niña protagonista, a singulares exégesis de 52 obras de arte en tres museos parisinos: Louvre, Orsay y Beaubourg. 

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