Opinión / NOVIEMBRE 29 DE 2021

Luna nueva

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La luna nueva, denominada “novilunio” o “interlunio”, sucede cuando el astro se encuentra situado exactamente entre la Tierra y el sol, de manera que su hemisferio iluminado no puede ser visto desde nuestro planeta. Crea una penumbra poética, permite esconder entre las sombras: besos y versos, silencios y nostalgias.

Este es el nombre de una revista de poesía que se publica en Tuluá desde hace casi dos décadas, por parte de un obstinado con la palabra. El abogado, ensayista y escritor Omar Ortiz Forero, nacido en Bogotá, domiciliado en el Valle, ganador del Premio Nacional de Poesía de la Universidad de Antioquia. 

Ha publicado varios poemarios que han nutrido la literatura nacional: “La tierra y el éter”, “Que Junda el Junde”, “Las muchachas del circo”, “Diez regiones”, “Los espejos del olvido”, “un Jardín para Milena”, “El libro de las cosas” y “La luna en el espejo”. 

Es inmenso el aporte que este hombre le ha entregado al país, como poeta y editor, como director y gestor de iniciativas culturales entre las que se destacan: la Fundación Cultural Tuluá, el Festival de la Imagen y la Palabra, así como Encuentros Nacionales e Iberoamericanos de Poesía. Ha sido resonante su voz poética, en un contexto como el de este municipio vallecaucano, que ha sentido sobre su tierra con la misma intensidad, el caminar sosegado de la poesía y los pasos de la violencia.

Sus versos y su gestión cultural son un antídoto, una pócima mágica ante problemáticas sociales, que encuentran en la cadencia de un verso y en la música de una rima, otro camino, una opción distinta a la que ofrece el delito.

Llega este poeta al Quindío, junto con el misterio insondable de su revista Luna Nueva, para develar la hermosura, repartir los versos, derramar las prosas para regar en el suelo del Paisaje Cultural Cafetero, una parte de la miel de la caña y algo del sabor exótico del chontaduro.

En los actuales momentos, en la mitad de la zozobra, cuando la humanidad se debate entre la vida y la muerte y el olor del miedo se riega por los rincones, necesitamos poetas, que más allá de cantarle al amor y a las flores, sigan celebrando la vida, inmortalizando momentos, siendo la existencia extendida de los que se van y contando el presente, antes que la implacable guillotina del tiempo lo pinte con el color inexorable del pasado.

Y se requieren revistas de poesía, para que se conviertan en la terraza desde la cual se puedan contemplar las estrellas, o la noche negra, o simplemente, el sobrecogedor silencio que anticipa a la nada… Se precisa de ellas para que sean las ventanas por las cuales se asomen los rostros sin huella, para que las nuevas miradas arrojen su luz y bañen con un color renovado los tonos de siempre, para que broten chorros de colores – en forma de letras – y adornen el gris de los días con rojos, amarillos, azules y violetas, para que la vida fluya en las páginas impresas, para que el aroma de la tinta despierte una nueva conciencia para que el arte exista y la creación se mantenga. 

Bienvenida esta revista cultural al Quindío y bienvenidos los gestores y poetas al encuentro con la palabra, con la belleza… En el mítico Gato Bohemio, al norte de Armenia el sábado 4 de diciembre en una noche de luna nueva.


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