Opinión / DICIEMBRE 04 DE 2021

Ma anandamayi ma –1–

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Mi encuentro inicial con esta venerable mujer de India, manifestación corporal humana de lo divino; perfumado jardín del conocimiento supremo y la mística sabiduría no librescas ni teóricas; ni producto de previas iniciaciones o ancestrales enseñanzas de otros gurúes; reconocida en oriente y occidente como la más notable y deslumbrante figura del misticismo femenino del siglo XX, y una de las mayores en la historia de la espiritualidad mundial, fue mediante el célebre libro de Paramahansa Yogananda: Autobiografía de un yogui. En el capítulo XLV, titulado La madre bengalí y su inefable gozo, Yogananda rememora con emoción y bellos pormenores narrativos su encuentro con Ananda Moyi Ma: “Yo me había encontrado en la India con muchos hombres de realización espiritual, pero nunca con una mujer de tan elevada estatura espiritual”, afirma conmovido el místico y poeta, agregando una nota de pie de página, “aun cuando inculta, ha sorprendido a los intelectuales con su sabiduría. Sus versos en sánscrito han asombrado a los eruditos”. Junto a otras históricas fotografías de diversos personajes complementando tan extraordinario documento espiritual contemporáneo, Yogananda incluye aquella donde están él; Bolanath, el esposo y discípulo de la santa, y Anandamayi, siempre vestida con sari blanco. Encarnación de la Divina Madre irradiando compasión, amor y altruismo desde esa escueta fotografía para observadores capaces de contemplar la reveladora plenitud de su beatífica presencia, nada frecuente en el misticismo contemporáneo. Fue mi pórtico de entrada a un ámbito espiritual autónomo, no suscrito a grupos religiosos de ninguna índole, en el cual continúo residiendo con holística certeza de mis elecciones místicas. “Cuando alguien desea realmente a Dios y nada más que a Dios, en su corazón lleva escrito su libro y no necesita ningún otro salido de una imprenta”, aclaraba Ma a doctos académicos; a devotos iletrados y a toda clase de personas acercándosele durante sus incesantes viajes por numerosos lugares de India. En particular, para interrogarla sobre su misericordiosa personalidad. O sobre fundamentos teológicos de su ilimitado, expansivo conocimiento de los sagrados libros de India. O acerca de su formación religiosa, que no requirió de misteriosas iniciaciones por parte de tradicionales gurúes. Imposible no sentir el influjo espiritual de esa mirada. Millares de personas cuando Anandamayi vivía, y años después de su Mahasamadhi, sintieron y siguen experimentando el llamado que hacía y continúa haciendo, para que el buscador contemple en el mundo otras vías de realización de Dios. Ma, sigue aquí. Intemporal. Accesible siempre mediante aquellas indulgentes sonrisas y maternales miradas que, a lo largo de sus 86 años de vida –1896-1982– emplearía como procedimientos de entrada a otros niveles de conciencia, para centenares de personas que estuvieron a su lado y lo siguen estando a través de esta vía iniciática: la fotografía.


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