Opinión / MAYO 28 DE 2022

Mañana

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

La pregunta por el mañana nos remite a cuestiones que reavivan nuestras más profundas creencias y deseos: ¿creemos en la posibilidad de producir condiciones que hagan viable el mañana?, ¿deseamos que estas condiciones estén orientadas por valores que aseguren la buena vida para todos, humanos y no humanos? Justamente mañana, día de elecciones presidenciales, no solo nos encontramos frente a estas cuestiones, sino también de cara a la exigencia moral de resolverlas. Ese es el objetivo de la democracia: participar en la elaboración y preservación de condiciones que hagan viable la vida en común, en función de los recursos comunes, permitiendo a cada quien realizar su ciclo de vida. Pero hay muchos modos diferentes de entender la democracia, muchos puntos de vista alternativos de lo que es el bien común e, incluso, muchos intereses particulares, camuflados en “propuestas políticas”, que han complicado e impedido el desarrollo de una inteligencia colectiva favorable para la vida pública.

En Colombia habitualmente ha vencido la fuerza bruta de la corrupción, cuya raíz etimológica designa aquello que destruye lo común. Vence creando una sociedad que se la juega entre la pobreza y la miseria, entre la injusticia y la inequidad, entre decidir con inteligencia o tener o algo que comer en la mesa. Vence, pero finalmente no convence, porque, parafraseando a Unamuno, convencer significa persuadir, y para persuadir necesita algo que le falta en esta lucha, razón y argumentos. Mañana, la voluntad de los ciudadanos colombianos se enfrentará nuevamente a la ineludible decisión de ser vencida o convencida. En este contexto, convencido o persuadido significa estar libre de cualquier constreñimiento que impida que nuestra decisión esté orientada hacia el bien común.

El hecho de tener trabajo y disfrutar de un buen sueldo no impide pensar en la situación catastrófica que en materia socioeconómica padece la inmensa mayoría de los colombianos, haciendo que nuestro país sea inviable para todos. Lo contrario es la expresión del más vulgar de los egoísmos y de la carencia de empatía representada en la expresión francesa «après moi, le déluge» (después de mí, el diluvio). La vida en común exige cooperación, altruismo, cuidado del otro (que incluye los animales) y de lo otro (los ecosistemas y la vida en general). Estos son valores que se cultivan en la medida en que están presentes en nuestro obrar cotidiano, donde se revela lo que hemos hecho de nosotros mismos. Mañana es un día decisivo para expresar nuestro convencimiento de que un país mejor es posible, de que la política sin utopía no tiene gracia ni sentido. 

Mañana será el día de impulsarnos hacia una renovación democrática en la que la libertad más fundamental sea ante todo la de poder vivir sabroso.


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