Opinión / JULIO 28 DE 2009

Manuelita Salavarrieta

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Una emisora en F.M., de esas que hacen programas alternando canciones y diálogos insulsos entre sus presentadores, que fungiendo de humoristas, se dedican a tomar del pelo, hacer chanzas y en no pocas ocasiones a ridiculizar a los oyentes que los llaman, hizo en la mañana del martes 21 de julio un concurso de preguntas a los radioescuchas, premiando sus respuestas con algo que debían pasar a reclamar en la emisora.

-¿Cómo se llamaba la esposa del “Chómpiras”? -fue una de las preguntas que recibió inmediata respuesta: -Pues la “Chimoltrufia” –dijo el concursante. Enseguida entró otra llamada que fue atendida por una mujer de dulce voz que preguntó atropelladamente:
-Buenos días, ¿cuál es tu nombre, de dónde llamas, a qué te dedicas?
La acosada oyente contestó todo acertadamente y dijo que quería participar en el programa.
-Va una pregunta fácil Gladis Patricia –repuso la locutora. ¿Cómo se llamaba la eterna amante del Libertador Bolívar?
La pregunta cayó como un baldado de agua fría y tan solo se oía al otro lado del teléfono un silencio sepulcral, si es que los silencios se oyen. Uno de los otros dos presentadores del programa, ante la inesperada situación, decidió dar una pista:
-Haber, haber, te voy a ayudar. El apellido de esa mujer era Sáenz –y todos se rieron socarronamente.
Pero el silencio nuevamente fue la respuesta. El ambiente se ponía tenso y uno de los locutores le dijo que el nombre de la enamorada de Bolívar era el de una conocida marca de azúcar. Pero no, la concursante estaba negada, y poco, muy poco, sabía de lo que le estaban hablando. Al ver que no desataba y el tiempo pasaba, los presentadores se fueron desesperando y uno de ellos expresó:
-Bueno ahora sí le voy a soplar para que te ganes el premio. ¡Piense “mijita”, piense! A esa mujer le decían “La Pola”.
Ante esta inesperada ayuda, concursante y presentadores se quedaron mudos en medio de un murmullo de fondo, hasta que uno de ellos se atrevió a desembarrarla:
-Nooo…, están equivocados, esa era Policarpa Salavarrieta, heroína que no tenía nada que ver con Manuelita.
Haciendo uso de esta ayuda, Gladis Patricia reaccionó, y en un arranque de lucidez dijo: - ¡Manuelita Sáenz!, es Manuelita Sáenz. La respuesta les cayó como del cielo a los del programa y raudo uno de ellos la felicitó diciéndole que podía pasar por su premio.

Esta confusión de Manuelita Salavarrieta con Policarpa Sáenz no es un caso aislado, pues pasa con más frecuencia de la que imaginamos. Si bien es desconsolador que el común de la gente cometa estos errores, más desconcertante es cuando esto sucede con algunos hombres de la radio. No basta con tener una encantadora voz para hablar por un micrófono, se precisa formación y cultura general, pues ellos, los locutores y comunicadores, se tornan en modelo de expresión y de uso del idioma para la juventud que los escucha. La radio, y los demás medios de comunicación, además de su labor de informar y entretener, son vehículos de formación por excelencia, en esto radica su verdadera responsabilidad social.

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