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Opinión / MARZO 23 DE 2024

Marco, Tomás, Omar y Lucio (3)

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Para contraste y similitud filosófico-temática de estos cuatro iluminados, adapto en boca de uno cuanto el otro dijo. Kempis: “En ningún lugar puede un hombre encontrar refugio más tranquilo e imperturbable que en su propia alma”. Marco Aurelio: “No permitas que tu tranquilidad dependa de los sentimientos de los hombres. Cualquier cosa que digan sobre ti, buena o mala, no lo eres a causa de otro hombre; porque así eres tú”. Khayyam: “En tres tiempos se divide la vida: en presente, pasado y futuro. De estos, el presente es brevísimo; el futuro, dudoso; el pasado, cierto”. Séneca: “Todos fuimos arcilla y estos fueron reyes, poetas y amantes que murieron legando al sutil polvo su conquista». Añado este haiku mío: “pequeña flor blanca/ y tantos, tantos amigos/ muertos y por morir”. Leo a la vez, como si fuesen un solo texto, ejercicio de introspección literaria y espiritual permitiéndome asimilarlas de manera encadenada, las enseñanzas de estos cuatro escritores. El aforismo de Marco. La proposición de Séneca. El ruba’i de Omar. El versículo de Kempis. Entre otros, la muerte es en ellos el incognoscible fondo. En su encadenamiento gramatical constituyen, para mí sugerente mescolanza literaria, poética, religiosa y filosófica donde los títulos citados me originan un quinto libro, que expresa análoga verdad en semiótica simbiosis desbordando de Amor mi vida. “Tu vida está circunscrita a un periodo de tiempo limitado. Si no aprovechas esta oportunidad para serenarte, pasará y tú también pasarás y ya no habrá otra”, declara Marco Aurelio. “Qué pura tendría la conciencia quien no se dedicara a buscar alegrías pasajeras”, señala Kempis. “Puesto que ignoras cuanto te reserva el mañana, esfuérzate por ser feliz hoy. Coge un cántaro de vino, siéntate a la luz de la luna y bebe pensando que mañana quizás la luna te busque en vano”, canta Omar. Busca sus libros. Hazlos tus compendios de supervivencia. ¿No tienes tiempo? Pobrecitas personas ocupadas. Filosofía, poesía y mística en tales autores, cuyas meditaciones sobre el ser humano y la fugacidad de la vida son cuatro hilos entrelazados para convertirnos, en cotidianas experiencias, profundas enseñanzas, sensaciones y sentimientos existenciales. Con refulgente conciencia, desde sus libros estos cuatro pensadores me platican sobre la mortalidad. El instante y la pequeñez del hombre frente al tiempo. Parecen diferentes. Sin embargo no varían en la esencia de sus enseñanzas. Y son tristes con otro tipo de aflicción. Melancólicos a su manera, cada uno de ellos. Melancolía de emperador, regresando de sus conquistas. Melancolía de enclaustrado monje medieval. Ebriedad melancólica de poeta persa. Melancolía de vanagloria en Séneca. Con la sabiduría de los siglos, cada frase de estos sigue viva, puntualizando ansiedades del homozombi del siglo XXI. Por sus libros, no pasa el tiempo.
 

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