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Opinión / NOVIEMBRE 22 DE 2018

Martin Heidegger, el nazi

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Influenciado por Kierkegaard y alumno de Edmundo Husserl, el pensador alemán Martin Heidegger (1889-1976) planteó que la metafísica —o conocimiento de los principios y causas de las cosas— en la antigüedad, edad media, Descartes, Kant y el idealismo, nunca habló del ser sino del ente.

En su inacabado libro Ser y tiempo, recalca que siempre se sitúa el ente en lugar del ser. En 1933, Adolfo Hitler ganó las elecciones con su partido Nacionalsocialista, impulsor del totalitarismo de Estado sostenedor de la supremacía de la raza germánica que pretende ampliar el territorio teutón basado en la teoría del espacio vital.

Entonces Heidegger se afilia. Ese año asume la rectoría de la universidad de Friburgo. En su posesión describió al Führer como un numen o inspiración de la Divina Providencia, por eso Hebert Marcuse lo regañó pero no acató su pedido de retractación. Caído el déspota genocida en 1945, le quitaron la cátedra para desnazificar el centro de estudios.

Antisemita, el filósofo del mal; vinculó su nombre a la masacre de seis millones de judíos. Peor ahora, según Arturo Leyte “con la publicación de sus Cuadernos negros”. Carl Schmitt en la teoría política y Heidegger en la filosófica, fueron las bestias tenebrosas detrás del nazismo.

Contribuyó en el existencialismo que analiza y describe la existencia considerada como el acto de una libertad, que se afirma a sí misma creando la personalidad del individuo. Existir significa no estar en casa, encontrarse estructuralmente arrojado fuera de cualquier refugio, atento solo al sonido del ser que llega por medio del lenguaje.

El hogar del ser no es el yo, sino la expresión. El humano no habla sino el ser; no es el ser el que habita en el individuo, sino el individuo en el ser. La existencia es un ser en el mundo.

Al mencionar el ser nos referimos a la ontología o ciencia que lo estudia. Siempre se ha ubicado el ente en lugar del ser sin establecer su diferencia ontológica. El ser no es la conciencia, sino la existencia. El humano no es el ser, es su guardián, por medio de la palabra y su pensar.

La muerte no es un tema metafísico sino existencial, es la suprema interrupción. Cuando yo soy la muerte no es, cuando la muerte es yo ya no soy.


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