Opinión / ABRIL 10 DE 2021

Más crímenes ejemplares 

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

“Lo maté porque estaba seguro de que nadie me veía”.   Es otro de los entretenidos asesinatos que suceden en el libro Crímenes ejemplares. Microrrelatos de Max  Aub. Estos otros homicidios literarios, con cuyos protagonistas ficticios sostengo extendidas entrevistas por el estilo de las que sostuvo Truman  Streckfus  Persons  con Richard y Perry, para escribir A sangre fría, y a la manera de  Aub, son mi ensangrentada ofrenda no solo al mordaz texto que catalogo entre los libros precursores del Cuento Atómico, sino los dedos de pies y manos indicando cuanto a diario sucede en nuestro país. Para que se cometa un crimen o una masacre, lo único que por estos parajes se requiere es que la persona esté… viva. Una obviedad. Parece obvio mas no es así. En Colombia, para nosotros y el resto del mundo, los crímenes ejemplares son ejemplo (no, no es pleonasmo) de cuanto muchas personas son. Y piensan. Y hacen. Y ocultan lo que piensan y hacen.  Aub  me presta su breve modelo. Me lo apropio porque él murió hace 49 años. No asesinado. Cada muerto, son 500, es un cuento independiente. Apertura o final de un potencial relato. Capítulo de una novela o  noveleta. Si Monterroso aseguró que su Dinosaurio era una novela, cada uno de estos textos míos es una saga. Radiografía. Titular periodístico. Cada lector la preparará a su gusto y roerá con su salsa predilecta: Lo maté porque lo creí inmortal. Lo maté para que conociera el cielo. Lo maté porque aspiraba a vivir cien años. Lo maté antes que otro lo matara. Lo maté porque leía Crímenes ejemplares. Lo maté porque creía en la reencarnación. Lo maté porque me dijo que no tenía tiempo. Lo maté porque me aseguró que tenía todo el tiempo del mundo. Lo maté porque vivía en el aquí y el ahora. Lo maté porque deseaba suicidarse. Lo maté porque daba conferencias sobre la muerte. Lo maté porque tenía una pipa de marfil y no fumaba en ella. Lo maté porque estaba concluyendo una antología de poemas a la muerte. Lo maté porque dejaba los crucigramas a medias. Lo maté porque rezaba el rosario encerrado en el sanitario. Lo maté porque se dejó matar. Lo maté porque aseguraba que no lo matarían fácil. Lo maté porque recopilaba definiciones de muerte. Lo maté porque compilaba definiciones de vida. Lo maté porque suprimió todas las consonantes a las Mil y una noches. Lo maté porque extirpó todas las vocales a La Biblia. Lo maté porque dormido hablaba en sumerio. Lo maté porque se recortaba las uñas con un cuchillo. Lo maté porque tenía un gato llamado Stalin. Lo maté porque le puso música de reguetón al Cantar de los cantares.


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

copy
© todos los derechos reservados
Powered by:Rhiss.net