Opinión / MAYO 29 DE 2022

Me gustan los estudiantes

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Criticar a los jóvenes es una práctica antiquísima, más vieja que andar a pie, diría un arriero hace décadas. Dicen que Sócrates escribió esto hace 20 siglos: “Los jóvenes de hoy aman el lujo, tienen manías y desprecian la autoridad. Responden a sus padres, cruzan las piernas y tiranizan a sus maestros. Los jóvenes hoy en día son unos tiranos. Contradicen a sus padres, devoran su comida y le faltan al respeto a sus maestros”.

Duras palabras para referirse a los ‘muchachos’ de hace más de 2.000 años.

Leonardo Haberkorn, profesor de la Universidad ORT de Montevideo, renunció hace años a sus cátedras porque estaba cansado de luchar contra una generación de estudiantes desinteresados. “Me cansé de pelear contra los celulares, contra WhatsApp y Facebook. Me ganaron. Me rindo. Tiro la toalla. Me cansé de estar hablando de asuntos que a mí me apasionan ante muchachos que no pueden despegar la vista de un teléfono que no cesa de recibir selfies”, expresó el docente.

El escrito continúa con un desahogo que, para ser sinceros, no es exclusivo del exprofesor uruguayo. Estos reclamos son recurrentes en aquellos que tienen la osadía de pararse frente a un grupo de estudiantes de cualquier universidad, de cualquier ciudad, de cualquier carrera. La situación parece atemporal, más vigente que nunca, en un salón de clase o en un aula virtual.

Y es que uno de los rasgos distintivos de la vida contemporánea es la hiperconexión, es como si viviéramos dos vidas, una en el plano terrenal y otra en el ciberespacio; estamos aquí y allá. Esta hiperconexión parece impactar más a la juventud, esa masa amorfa que en todos los momentos del hombre y de la mujer -por eso de la inclusión- ha sido tildada de inmadura, volátil, fugaz y hasta mediocre, esa que siempre ha presentado con creces un desafío para sus generaciones antecesoras.

Como profesores, hemos criticado a nuestros estudiantes, una y otra vez, por su desinterés por los asuntos públicos, por decir sin sonrojo alguno que ni la política ni la historia les interesa, ¡qué barbaridad!, como lo expresaba recurrentemente el gran profesor Gildardo Tovar Giraldo, cuando yo no estaba al lado del tablero, sino en una silla, en la Uniquindío, perdido en el viaje retórico que proponía el maestro en sus apoteósicas clases de periodismo.

Pero en los últimos meses, tras ese estallido social del 2021, hemos sido gratamente sorprendidos al ver a muchos estudiantes, de universidades públicas y privadas, inquietos por nuestro país, deseosos de saber cómo se construyó nuestra nación y cómo llegamos hasta aquí; críticos, inconformes, dinámicos, empáticos.

Hoy, jóvenes, nuevamente el balón está en sus pies. Hay que cumplir la cita con las urnas y la historia… Ojalá muy tempranito.

Parafraseando a Mercedes Sosa, que vivan los estudiantes, jardín de nuestra alegría, pajarillos libertarios a los que no los asusta el ladrar de la jauría.

Nota: sí, todavía Mercedes Sosa, porque la justicia y la conciencia social también son atemporales.


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