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Opinión / AGOSTO 21 DE 2016

Me niego a arrodillarme

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Desde la cárcel donde está hace nueve años “por ser un  buen  soldado”, el   coronel Hernán  Mejía Gutiérrez,  en su libro Me niego a arrodillarme,  cuestiona el poder  político colombiano  desde la independencia de España; se queja, acusa y señala  a Santos  entonces  ministro de Defensa, a  jueces, y  a generales  que lo  usaron durante 35 años como servil  marioneta; pero en  ninguna de las 301 páginas dice  por  qué  lo  condenaron a 20. 

Su padre le advirtió que esa profesión solo le daría cicatrices y medallas;  y tenía  razón  porque el Estado que defendió, lo mandó al foso de los miserables, arruinándolo en alianza con los  más sanguinarios delincuentes guerrilleros.    

Conoció a Uribe  cuando era  gobernador, le pareció  brillante  y  dice  que  al otro día  de  posesionarse, “el 8 de agosto de 2002,  a las cinco y cincuenta y cinco minutos de la mañana aterrizó en Valledupar”, capital del departamento del Cesar, para declarar esa región  modelo  o  plan piloto de  la Seguridad  Democrática.

Usó la  inteligencia  para descubrir la caleta de El Mejicano en la hacienda Cuernavaca de Pacho Cundinamarca, compuesta por una esmeralda gota de aceite de trece mil quilates, un diamante blanco que fue de Napoleón comprado en subastas  europeas, la corona de oro con el rubí más grande del mundo de la familia  Romanov  de Rusia, ciento doce mil lingotes de oro macizo y cualquier cantidad de millones de pesos y dólares.
Lo más desolador fue descubrir que 4 superiores se comunicaban por teléfono satelital desde el ministerio de Defensa con  las Farc que les pagaba  sueldo.

Al terminar de leerlo, repito, encontré que el  reo  militar  no informa  qué delito le imputaron, entonces me hice el  encontrado en el centro de Armenia con el sargento Ramírez  de  Cooquinsure, quien con una  mueca de  desprecio  a su excolega me informó que  fue  por muchos asesinatos o falsos positivos,  cometidos cuando era comandante  del Batallón de Artillería No 2 La Popa de Valledupar, ayudado   por el narcoparaco  Rodrigo Tovar Pupo Jorge 40.

El titulo del libraco nada tiene que ver con  su contenido.  El  célebre  prologuista  Plinio Apuleyo Mendoza, asegura que la condena es una venganza del sargento Edwin Manuel Guzmán  —quien  declaró en su contra, porque lo capturó en flagrancia vendiendo armas  al hampa  del Cesar— argumento  que sería creíble si no viniera de un reconocido lamesuelas de brigadas y  batallones.     


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