Opinión / MARZO 11 DE 2015

Memorias del día a día

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Cada tanto se recuerda la frase dicha por García Márquez en una reunión de la SIP: el periodismo es el mejor oficio del mundo. A veces un despistado reportero se la adjudica a Albert Camus o a Ryszard KapuÅ›ciÅ„ski. En el fondo el mensaje del ya legendario hijo del telegrafista contiene un reto: del periodismo depende la formación de la opinión pública, cimento central de cualquier democracia.

Por eso quienes lo ejerzan deben tener una ética profesional incuestionable, ser los mejores, competentes en sus faenas. No obstante la realidad contradice día a día el ideal. Los periodistas a menudo caemos en las tentaciones de los poderosos, abiertas en unos casos: los sobornos y los contratos a familiares; solapadas, en otros: premios, viajes y palmaditas en la espalda. Así, por arte de magia negra, el reportero pasa de servir el interés comunitario a engrosar el coro laudatorio del César de turno.

No todo, por fortuna, está perdido. Hay profesionales de la grabadora, el lápiz y el micrófono que no se venden ni subastan sus talentos. Los hay aquí y allá. En el Quindío, como en todas partes, hay consciencias compradas y libres.  Memorias del día a día, libro del que soy compilador, no tiene el propósito de denunciar o señalar a los judas de ayer y de hoy. La empresa de reunir en un volumen columnas, reportajes, crónicas, entrevistas, reseñas, perfiles publicados en la prensa quindiana desde los años cincuenta al 2000 fue otro, más bien de naturaleza conservacionista.

Sin embargo, el ciudadano despierto que asuma la tarea de leer las casi trescientas páginas de la obra tendrá una imagen de nuestra sociedad, de los gustos y fobias de las plumas reseñables de la tradición, de los distintos desvelos y sueños de los quindianos durante medio siglo. Una glosa: el periodo de tiempo estudiado no corresponde al de la vida administrativa departamental por la razón de no excluir textos anteriores, importantes para conocer el porqué del Quindío.

Memorias del día a día  no es un libro mío. Es de los compilados, con quienes a veces no coincido en materia política, literaria e ideológica. Procuré la imposible imparcialidad a la hora de incluir un artículo y dejar por fuera otro. Seguramente algunos de los aquí reunidos no estarían a la altura de una antología nacional de periodismo escrito. Otros, sí. Esas cúspides y abismos también, de alguna manera, retratan al diarismo local y regional. A ellos agradezco. Al comité editorial de la Biblioteca de Autores Quindianos, compuesto por un representante de la Uniquindio, otro de la Academia de Historia, y por el Secretario departamental de Cultura.

Gracias a Cindy Cardona, a Hugo Aparicio, a Carlos Castrillón, a Juan Aurelio García, a Libaniel Marulanda. Pero, ante todo, gracias al lector, partícipe fundamental del acto estético, verdad que nos recordó el más universal de los argentinos.


* Palabras leídas en la presentación de Memorias del día a día.


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