Opinión / AGOSTO 16 DE 2022

Mirada al POT de Armenia

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Aunque parece algo obvio que los planes de ordenamiento territorial están concebidos  para organizar el espacio físico de un territorio, es necesario recordar que el suelo es objeto de múltiples maneras de intervención administrativa, las que se traducen en las diversas actividades de la comunidad, fundamentalmente en dos dimensiones: la materialización de los procesos que consolidan el desarrollo social, económico y cultural; y la protección de las dinámicas que fortalecen los intereses colectivos; en tal virtud ordenar el territorio exige que, desde la constitución política con el acompañamiento de otras disciplinas, se ejecute un ejercicio de concertación entre estos dos aspectos fundamentales. Por estos días la administración de José Manuel Ríos Morales, a través de la dirección de Planeación, debe concluir el proyecto de acuerdo de ajuste al POT para la ciudad, el cual debe ser activado en el 2023; y lo debe hacer mediante la identificación de la ordenación del territorio, con diversos enfoques de intervención administrativa, que facilite visibilizar las políticas públicas integrales, democráticas, participativas, sociales y económicas.

Es por eso por lo que el director de Planeación de Armenia, Diego Fernando Tobón Gil, tiene que incluir en su propuesta del POT para la ciudad, los modelos concertados de ocupación a través de fórmulas de coordinación, inclusión, cooperación y colaboración. Hay que admitirlo, a hoy Planeación de Armenia ha demostrado que no es lo suficientemente funcional, no es eficiente ante la magnitud de sus responsabilidades; ya que no ha caracterizado, ni identificado con claridad los valores naturales, culturales, sociales, vocacionales, ni económicos de esta ciudad; es por eso que Ríos Morales no ha podido adoptar las medidas pertinentes que fusionen todos estos aspectos, con los componentes ambientales, que trasciendan los trabajos en las 54 quebradas en Armenia y su descontaminación.

El alcalde requiere con urgencia las herramientas necesarias para ordenar el territorio que le permita priorizar un desarrollo sostenible, que incluya la interacción entre lo rural y lo urbano. José Manuel Ríos Morales está en la obligación de analizar, considerar y cuestionar las propuestas de su director de Planeación; pues si la expansión de la ciudad está sujeta únicamente a la capacidad de Empresas Públicas de Armenia para suministrar agua y garantizar el sistema de alcantarillado; allí se van a presentar inconvenientes, pues el modelo de crecimiento urbano, de acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo debe ser ecológico y amigable con el medio ambiente; teniendo en cuenta, eso sí, el concepto de compactación de ciudad, armonizando lo ambiental y lo urbanístico; bajo los componentes de caracterización, recuperación y habilitación de los vacíos urbanos y donde exista densidad urbana, priorizar las ventanas ecológicas. No se trata entonces de contar con una gran nómina de “expertos” como la que posee Planeación de Armenia, ni que Tobón Gil, ante el concejo de la Ciudad, exponga optimista sus “argumentos”, sino que entiendan tanto el alcalde Ríos Morales, como el titular de Planeación, que ordenar el territorio implica coordinación de los instrumentos normativos de planificación de las diferentes autoridades para lograr un ejercicio concurrente sobre un mismo espacio común a todos. La última palabra la tiene la alcaldía.


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