Opinión / NOVIEMBRE 30 DE 2010

Mis memorias (II)

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Muchas páginas se han  escrito sobre la vida y la obra de Alfonso López Pumarejo. Pocas, sin embargo, cobran especial valor como las que escribe su hijo en este primer tomo de sus memorias (1), por la admiración y la íntima relación, que no ocurrió, precisamente, entre López Pumarejo y Pedro A. López.

A la par con un sinnúmero de hechos particulares de su propia vida, va analizando temas fundamentales  como las relaciones estrechas con Laureano Gómez, el influjo  costeño por la vía Pumarejo y la fuerte ascendencia Danesa de la familia Michelsen, desde el abuelo, antiguo cónsul de Dinamarca en Colombia.

Y esclarecimientos como el que me permito insertar, que cancelan de un solo  tajo, agudas polémicas sobre el quehacer vital de López el viejo:” Mi  padre no tenía inclinación por los negocios, su vocación era enteramente política y, tarde o temprano, estaba destinado a hacer una carrera pública en las filas del partido Liberal colombiano. Basta leer sus cartas de niño, dirigidas desde el colegio en Inglaterra al general Uribe Uribe y a don Rafael Parga, para darse cuenta de su afición por la política y de la obsesión que constituian para él los más nimios episodios de la guerra civil o de los debates parlamentarios. Pretender, como lo hacen algunos, que recurrió a la política en la vista de que había fracasado en los negocios, es algo que carece por completo de asidero en los hechos”. (Página 75).

Desfilan los detalles de una formación académica minuciosa en el Gimnasio Moderno, en París, la  esplendorosa y  bella ‘Ciudad Luz’, de la cual escribe bellísimas páginas, en Suiza, en Londres, en Chile y en la universidad del Rosario de Bogotá. Bien lo afirma su hijo, al finalizar el prólogo: “A pesar de ello su máximo orgullo (para mi también como su hijo) fue haber recibido la medalla  como el mejor examen de bachiller de todos los colegios de Francia. Se puede decir que eso vaticinaba algo de lo cual en estas memorias se puede ver un poco”. (Página 18).

Su culminación profesional como Abogado lo condujo inicialmente a la cátedra en las universidades Nacional, Libre y del Rosario. Pero era un humanista exigente que comenzó a edad madura su ejercicio político, narración que aparecerá en el segundo tomo de sus memorias.
La tercera parte de este primer tomo describe su permanencia en Chile, donde culminó su carrera de derecho, describiendo su especial apego y afecto por el país austrral.

Es imposible dejar de mencionar la última página, referencia su compañera de toda la vida, la ‘Niña Ceci’: “. . . Indudablemente, quien estaba destinada a ser mi compañera para toda la vida era Cecilia Caballero, como tan sagazmente, lo había presentido mi padre, cuando aún no habíamos cumplido los diez años ni ella ni yo”. (Página 444).

Me haría interminable si continuara reseñando esta obra memorable. Lo mejor, para quienes todavía no han bebido de sus páginas, es recomendarla  como lectura para esta época de vacaciones.
(1)Alfonso López Michelsen. Mis Memorias. Editorial Oveja Negra-Quintero editores2009. 444 págs.

COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

copy
© todos los derechos reservados
Powered by:Rhiss.net