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Opinión / ENERO 12 DE 2024

Mujer amurallada

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

En Mujer Amurallada  libro de  Gina Parody, exministra de Educación, reflexiona sobre igualdad de género, inclusión sexual y cómo entender una que siente  atracción  por  otra.

En Cartagena sucede la historia de Magdalena Corso, quien desde  adolescente descubre  que debe vencer el que dirán,  muralla impedidora de  ser ella misma;  trama originada  en  sus diez maneras de salir del clóset.  

Dos capítulos integran el texto: uno titulado cuaderno amarillo donde dialoga con su prima Olga y otro  o  cuaderno rojo en el que narra cuando comienza a experimentar deseo  hacia  las muchachas.

Nacida en Bogotá -1973-  de familia barranquillera, refiere que mamá Simona, comprensiva, le consoló su primera pena de amor ocasionada en  una chica que le hizo doler el corazón; recalca que debemos reconocer al distinto con sus derechos y libertades, enfatiza sobre la ideología diversa, idea una hembra  que  ansía  amar  a  persona del mismo sexo.  

No teme escandalizar porque los escritos que la gente califica de  inmorales son aquellos que muestran al mundo su vergüenza,  al decir  de  Oscar Wilde, por eso redacta sin tapujos, por ejemplo, que mamá cuidaba el pene de  papá  celándolo con algunas que él no tocaba ni con el pétalo de una rosa,  recuerda que en  costa atlántica  un hombre infiel pasa  por  macho pero si es  mujer recibe trato de puta, página 20.

Cristo necesitó en su narrativa de  un Judas  traidor y  una  María Magdalena prostituta  por eso a ella  le pusieron  ese nombre; en vacaciones dormía en la misma alcoba  acompañada de su prima Olga de quien se enamoró, le rozaba las tetas hasta percibirla húmeda más allá del sudor, arrecha,  recibía  ráfagas de placer.   

En una fiesta se encarretó  con  Catalina  casada, por  ella  percibió   seducción   al  ver su cuerpo perfecto, se acarician.   Luego tiene relaciones con B,  a quien  no identifica, quince años mayor también con marido, solo tocarla le producía electricidad.  Mirada delata a lesbianas que en Costa  atlántica apodan  areperas, hoja  169.  

Estaba tan enamorada de B  que alguna vez la llamó  pidiéndole que  hicieran  el amor mediante celular, le aconsejó concentrarse en su voz, pensara que estaba presente, aunque  estuviera ausente “por  primera vez sostuve con mi mano un orgasmo y en la otra el teléfono”.
 


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