Opinión / MARZO 02 DE 2021

Muy orondos, sin refuerzos

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Hace días decidí no volver a hablar del Deportes Quindío en este espacio. Para qué hablar de algo que a muy pocos les interesa, para qué gastar energía tocando una puerta que nunca se abre, para qué insistir en algo que genera pereza, esa que se resume en la fulminante y recurrente sentencia de aquellos hastiados: “otra vez usted con el mismo cuento”.

Pero siento que la situación del Deportes Quindío nos obliga a los periodistas a seguir alzando la voz, a no callar.

Este viernes se vence el plazo para la inscripción de nuevos jugadores y Hernando Ángel, muy orondo, no anuncia contratación alguna, como si estuviera sobrado de lote en la lucha por ascender.

Hace unas semanas, Cambindo se fue para el América y no llegó alguien para tratar de suplir esa ausencia. Cambindo no solo era el goleador, sino el único que hacía goles.

Para esta temporada, solo para citar ejemplos, Cortuluá contrató a experimentados como Juan Guillermo Domínguez, Féiver Mercado y Hernán Burbano. Real Cartagena, por su parte, se hizo a los servicios de Juan Pablo Pino.

Y nosotros seguimos haciendo fuerza, semana tras semana, para que a Roy Castillo le den ganas de jugar, para que a Dídier Pino le alcance la bravura, para que los laterales entiendan un poquito cómo se marca, con distancia y sin regalar la espalda.

Uno no puede negar que en la nómina hay algunos jugadores con talento, pero, aunque suene muy duro, este es un Quindío perdedor, que tiene un rasero muy bajo, que cree que un empate frente a Real San Andrés, el último de la tabla, es digno de celebrar.

En nuestra primera experiencia en la B, a principio de siglo, éramos historia caída en desgracia. A los equipos inexpertos, como El Cerrito y Girardot, los enfrentábamos con categoría. Hoy saltamos al campo a ver jugar a Valledupar, al Atlético, a Fortaleza; qué desilusión. Perdemos con Orsomarso y escuchamos en rueda de prensa que es un equipo que trabaja muy bien, que tiene muy buenos jugadores, que bla, bla, bla… Todavía hay personas que preguntan si es verdad que hay un equipo en Colombia que se llama Orsomarso. 

Y no se trata de ser agrandados. Somos tan sensatos para reconocer que no tenemos la grandeza histórica de Nacional, América, Millonarios, Cali, entre otros, como para saber que más de 70 años nos avalan como un histórico del fútbol colombiano, que hemos escrito páginas gloriosas con títulos y subtítulos a bordo. 

En la B, hoy, Quindío y Unión Magdalena tienen la obligación de marcar la diferencia, por encima de Huila, Cortuluá, Real Cartagena, Leones, Tigres, Fortaleza y los otros. Pero jugamos sin nombre, sin hambre, sin historia, porque para los jugadores que hoy se paran ahí nosotros no somos su hinchada, sino unos extraños, porque esa camiseta no les dice nada, aun así a nosotros nos lo diga todo.
 


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