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Opinión / ENERO 26 DE 2023

Negociar para cumplir

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El 2023 es el año de las reformas que el equipo de trabajo del gobierno nacional llevará al Congreso para su aprobación, sin ni siquiera todavía conocerlas el país. 

No hay reformas malas sino mal intencionadas o mal elaboradas, en las que los ajustes deben ser con soportes claros, con proyección económica y fiscal, con beneficios para el país y la sociedad civil, apoyadas en estudios acordes al plan financiero del país, al marco fiscal de mediano plazo, a las vigencias futuras, a una inflexibilidad del gasto estimada en un 80 % y que hace más difícil y crítico el presupuesto del país. Especial atención merece  las nuevas y posibles fuentes de ingresos o traslados, para que no vayan a afectar los recursos a futuro y dejando de prestar otros servicios al país por mostrar reformas no equilibradas y quizás con datos que por mejorar supuestamente unos servicios, van es a desequilibrar la estabilidad financiera del país a futuro.  

Se conocen intenciones y proyectos de reformas del gobierno, de los partidos y de la misma sociedad, frente a los tantos intereses que hay, como aspiraciones a ser elegidos al Congreso o la presidencia, o como el apoyo de funcionarios como delegados del país con representantes de unas asociaciones que buscan no perder ni afectarse pero sí ganar más cuando y no tocar nada de privilegios o beneficios propios que durante años han dañado las finanzas del país; ejemplo de lo anterior lo que pasa con el alto gobierno, incluidos alcaldes y gobernadores con primas adicionales o por tratar de acomodar las reformas para ampliarles el poder a sus partidos en regiones. 

Terminó el 2022 con una inflación del 13,12 %, tasas de interés al 12% y subiendo, una desaceleración que baja, déficit fiscal que no para, opiniones del gobierno que crean incertidumbre a las finanzas, exportaciones, billonario subsidio de combustible acumulado por años que se debe pagar y otros como los nuevos tributos: valorización, de consumo o los pagos hasta cuando del subsidio a peajes o el Soat pregunta.

¿Cómo le aseguran ustedes que las reformas si benefician las finanzas y a la sociedad y no aumentará la deuda externa y el déficit fiscal y no afectará la estabilidad económica y del sector productivo a futuro en el país?

Por la misma ignorancia, pereza y el poco interés de los colombianos al control de lo público, hay muchas dudas. Las discusiones de los congresistas, hoy, son solo política, con el riesgo de aprobar reformas no revisadas a tiempo ni estructuradas; miran más beneficios políticos de ganar o perder en listas cerradas, transfuguismo y otros cambios y no la expectativa de reformas que espera el país. Publican puntos de unas que animan, pero todavía no explican nada al país antes de presentarlas al Congreso. Increíble. Entonces ¿cuál es el interés del Congreso ? 

Sólo queda: votar limpio o negociar para  pasar las reformas, sin revisar. De ser así, Colombia, país al revés y sin líderes ni estadistas; qué tristeza.


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