Opinión / NOVIEMBRE 27 DE 2021

Ni un jeque podrá comprarlo

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Ni  Mansour bin Zayed Al Nahyan. Ni Mohammed bin Rashid al Maktoum. Ni Mohammed Al Amoudi. Ni Abdul Aziz Al Ghurair. Ni Mohammed bin Saud Al Kabeer. Ni Mohammed bin Salman. Ni Tamim bin Hamad bin Khalifa Al Thani. Ni Aishwarya Al Alsaud, entre otros ultramillonarios del mundo árabe contemporáneo, podrán con sus descomunales riquezas comprar esto que abunda aquí en el departamento del Quindío. Y que es motivo de júbilo para algunos caminantes solitarios de veredas. Cómo quisieran poseerlo ustedes. Beneficiarse con sus intangibles, pero vivenciales particularidades. Ustedes, acaudalados mercantes. Y aquellos que se les igualan en cualquier lugar del mundo. Carecen de dinero suficiente para comprarlo. No pueden obtener siquiera una hectárea, un centímetro de esto que, para el paseante que respira sin prisa silenciosos caminos de tal territorio ha sido, y es y será siempre gratis, por cordilleras y montañas de mi región, donde la vida habitual se vuelve asombrosamente bella: los árboles, más verdes; las aves, gorjean con acentos más melodiosos; el agua de los riachuelos, acaricia mejor. Cuanto sucede junto a uno, es deslumbrante dentro de su naturalidad, transformándose en elemento superior al oro que ustedes guardan, compran y venden. Superior a sus bienes raíces y su petróleo. Y no podrán comprarlo. El Quindío rebosa de un tipo de riquezas que jamás podrán adquirir, si vienen con intenciones de negociar. Tales tesoros parece que tuvieran dueños. Porque ponen cercas. Porque trazan límites. Sus propietarios poseen el recipiente material, no cuanto este contiene e irradia. Ellos no pueden venderlo ni ustedes comprarlo, aunque posean dinero para adquirir esto…que abunda por los doce municipios del Quindío y les proporcionaría la serenidad física e interior que nunca conocerán. Desde el amanecer hasta el anochecer. Gratuito por los pueblos del Quindío, aflora en cantidades prodigiosas por veredas y caminos rurales. Al frente. Encima y a los lados. Esta riqueza de la cual doy indicios, es perceptible por los cinco sentidos. No revelo qué es, para que no pierdan su lucrativo tiempo tratando de tasarlo. Más útil y valioso que el coltán. Escribo sin decirles qué es. Ni dónde lo encontrarían de manera concreta. Dónde están sus canteras, yacimientos, vetas, veneros y minas. Tiene propietarios que tampoco pueden venderlo, aunque sean sus dueños. Aunque pongan límites a sus terrenos y demarquen sus propiedades con cercos de cualquier tamaño. Estos jeques, con toda su riqueza, no podrán comprar un milímetro de esto que abunda por cantidades materiales y no materiales en nuestro territorio. Y que sus dueños, aunque quisieran venderlo porque lo tienen en sus terrenos, tampoco podrán hacerlo. Ni los unos ni los otros saben qué es. Aunque está aquí a diario, día y noche, y puede percibirse con los cinco sentidos… 
 


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