Opinión / JUNIO 12 DE 2021

No se puede… 5

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No se puede desdeñar el esplendor físico de las movilizaciones. Este indeleble capítulo de la historia colombiana que, hoy por hoy, se escribe con sangre y se escucha entre cantos, intimidaciones y consignas por calles de nuestras ciudades y pueblos; que nuestros jóvenes de primeras líneas, bajo asfixiantes fumaradas de gases lacrimógenos y el estruendo de granadas aturdidoras —La M84 empleada para incapacitar la gente, al explotar “provoca un chispazo de 6-8 millones de candelas y un sonido de 170-180 decibelios”—, graban a los convulsos poderes hegemónicos y neoliberales del país, no se esquiva en lo social, con ningún argumento que atribuya a tal estallido equívocos contenidos políticos. El simplismo intelectual, trivial sesgo fascista de señalarlos como gente de izquierda o terroristas, es malicioso. Igual que es retorcido ignorar el resultado tangible que el pueblo colombiano ha logrado mediante la fusionada magnitud de las marchas, y los enfrentamientos con lo execrable de fuerzas públicas represoras, personificadas en la presencia de brutales ‘robocops’ del Esmad. Jamás se vio en Colombia tal apoteosis de la protesta popular urbana. No se puede desestimar cuanto mediante enérgicas jornadas, con calles y parques trasformados en escenarios críticos, con lemas y consignas más efectivos que cualquier especulación política o sociológica ha logrado, para Colombia, nuestra juventud. Desplome de la reforma tributaria. Retiro de la reforma a la salud. Renuncia del ministro de Hacienda. Renuncia de la ministra de Relaciones Exteriores. Renuncia del ministro de Cultura. Caída de la onerosa compra de aviones por 14 billones de pesos. Concluyó el autopromocional espacio televisivo del subpresidente. Se instituirá matrícula cero para universitarios de estratos 1, 2 y 3. Se produjeron determinantes rechazos contra el gobierno, el uribismo y las fuerzas públicas, por parte del Parlamento Europeo, Congreso de Estados Unidos, ONU, CIDH, Human Right Watch y notables medios de información como New York Times, el canal televisivo CNN y otros.  Con certeza, vendrán más reivindicaciones, aunque finalice el paro. Este es un intrínseco eslabón del estallido social colombiano porque la conciencia de unidad popular para exigir nuestros derechos y tomar nuestras decisiones, es decisivo factor que trasciende las marchas. Los jóvenes forjan cuanto hicimos a medias las generaciones anteriores. Protagonistas de primera línea contra el poder establecido. No están solos. Junto con ellos transitamos numerosas categorías de colombianos quienes, durante décadas, venimos cuestionando de una y otra forma, la injusticia, violencias y desigualdades. Asumiendo posiciones evidentes contra partidos totalitarios como el agonizante centro democrático. Descrito por Vattimo, este es el paso inicial que múltiples actores sociales invisibles, marginados, casi inexistentes, infravalorados para los medios de comunicación, dan en su proceso de respecto al discurso unitario y el reconocimiento de la diferencia como componente de identificación. 
 


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