Opinión / MAYO 29 DE 2022

Nuestro futuro en tus manos

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Ruego a Dios que todo ciudadano colombiano, apto para votar hoy, sea consciente de la inmensa responsabilidad que tiene en sus manos al participar de la elección de quien habrá de presidir los destinos de Colombia en los próximos 4 años, tomando una decisión inteligente, no solo para nuestra generación presente, sino para las que nos sucederán en los años siguientes. 

Que tal decisión esté libre de presiones externas por manipulaciones indebidas, por falsas expectativas,  por el peligroso anhelo de ensayar sin medir las consecuencias a sabiendas que en realidad el país requiere de un cambio, pero para bien, nunca para que las cosas empeoren y nos conduzcan a un callejón sin salida, como bien lo siguen padeciendo varios países de nuestra región que se decidieron en un mal momento por alternativas y circunstancias similares a las que hoy se nos presentan, como lo son Venezuela, Nicaragua, Cuba, entre otras. 

Está claramente demostrado en el mundo, que la democracia con todas sus imperfecciones, como sucede en la nuestra, es la alternativa que mejores condiciones ofrece a una población, en particular por la defensa del derecho inalienable de la libertad, de participar en el funcionamiento del Estado, de expresarnos, de crear y hacer empresa, de libertad de mercado,  único mecanismo lícito para generar empleo y riqueza que nos permite el autosostenimiento, el crecimiento económico y la autorrealización. Si analizamos la situación económica y el avance de los países que promueven la democracia en el mundo y la comparamos con países de ideología socialista o comunista, claramente podemos sacar las propias conclusiones, pues mientras en los primeros se observan los efectos positivos del desarrollo en su infraestructura urbana, turística, recreativa, cultural, deportiva, industrial, comercial, en los segundos se observan los efectos del estancamiento, basados en un populismo y un asistencialismo que van llevando a su población a una postración y a un conformismo que acaba con su creatividad, su iniciativa y sus deseos de progresar. Son regímenes que para llegar al poder les han prometido a sus ingenuos electores una redistribución de la riqueza de sus países, logrando finalmente que no sea esa riqueza, sino la pobreza la que se redistribuya, arruinando los sistemas que antes le generaban crecimiento económico y progreso. Es cierto que en nuestro país hay mucha pobreza, pero no es acabando con los recursos con los cuales se va luchando poco a poco para combatirla, como se va a erradicar. Es buscando la mejoría en los sistemas de educación, ampliando la cobertura, con maestros más capacitados, es generando una cultura de la legalidad tanto entre los funcionarios como entre la población civil, es promoviendo y estimulando más participación de la población en los asuntos que competen a la gestión pública para controlar el avance de la corrupción en todas sus manifestaciones. Es brindar una formación ética en valores y de respeto a los demás y a la institucionalidad. Es procurar que nuestra justicia opere con la celeridad requerida. 

Insisto, son muchos y muy grandes los correctivos que requiere nuestra democracia, pero no es acabando con ella, como lo vamos a lograr. Es obvio que la pobreza solo se combate con trabajo, con el empleo generado por el aparato productivo para el bienestar y la calidad de vida. Tampoco es sometiéndolo a un régimen comunista, que bien sabemos es una filosofía política contraria a los principios del capitalismo y del libre mercado. 

Así que si usted, amigo, quiere defender la democracia, acuda por favor hoy a las urnas y elija con inteligencia la fórmula que en verdad esté dispuesta a defenderla, a promoverla y a luchar contra sus fallas e imperfecciones, no a acabarla y acabar con sus libertades. Pese a la sentencia que los pueblos se merecen los gobiernos que eligen, Colombia no merece caer en el abismo y usted con su voto puede ayudar a impedir que esto suceda. 


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