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Opinión / MARZO 22 DE 2020

Nuevo léxico

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Basta escuchar una conferencia de cualquier defensora de infancia o una perorata de Piedad Córdoba y su mamona alusión a colombianos y colombianas. Falta que en biología se hable de la hembra y el hembro. Igualdad de géneros que resulta inocua y solo evidencia afán mediático de los discursantes. Perdón, las discursantas.

Quienes sacamos cédula a los 21, hace ya varias décadas, extrañamos las palabras con las que aprendimos a expresarnos, gracias a la herencia de nuestros mayores llenos de sabiduría y ricos en vocablos mucho más expresivos que los de hoy.

Desaparecieron el escaparate, el armario, el zaguán, el corredor, el chifonier, el postigo y las chambranas, el baúl y la alhacena. La escarcela, el rubor, las enaguas, el zutián, el corsé, las candongas y el aderezo en el arreglo de las matronas. Palabras desuetas que el tiempo se llevó. Hoy se impone el lenguaje inclusivo. La palabra hombre no identifica a toda la humanidad. Génesis se quedó cortó al echar el cuento de cómo el Supremo creó la raza humana. Hay que decir el hombre y la mujer, el señor y la señora, el varón y la varona. Ni el término niños cobija a las chicas como antes. Todo lo de ahora debe tener género explícito. No sexo porque ese es otro cantar. Triunfo de minorías que a todo
le encuentran su pera. Quiero decir su pero. Niñas y niños, adolescentes y adolescentas, amigas y amigos, libros y libras, huevos y su carnal... en fin. Al hablar con esa dualidad de géneros, imposición de feministas que detestan lo que les huela a macho o amachismo, el discurso se hace tedioso y bobalicón. Basta escuchar una conferencia de cualquier defensora de infancia o una perorata de Piedad Córdoba y su mamona alusión a colombianos y colombianas. Falta que en biología se hable de la hembra y el hembro. Igualdad de géneros que resulta inocua y solo evidencia afán mediático de los discursantes. Perdón, las discursantas.

Tanto es así que la impotable Cristina en Argentina jura que ella es vicepresidenta y no vicepresidente porque este es un título machista. Hasta que un periodisto bastante instruido la regañó y le dijo que no fuera ignoranta. Que si tal cosa fuera así, habría que hablar del cantante y la cantanta, el estudiante y la estudianta, la economista y el economisto, temática que ya tiene locos a los modernos lingüistos. Dejemos a un lado lo inclusivo. Y pasemos a un castizo verbo proscrito por otra casta de reformistas del idioma de don Miguel, el de Lepanto. Poner es un verbo rico en significados. La RAE le reconoce 44. Pero unos filimiscos y unas filimiscas cumplen la triste tarea de reemplazarlo por colocar que tiene cuatro o cinco acepciones. Alegan que las gallinas son las únicas que ponen. Peregrino argumento. Solo nos queda colocarnos a llorar. Aunque no nos paguen.
Pero la perla mayor de este adefesio esnobista se la escuché a un comentarista de fútbol: “El juego ya se puede reanudar porque el lesionado ya se colocó de pie”. ¡Qué bien le pegaste al idioma, compañero!

 

Hugo Cardona Fernández
Miembro CPQ


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