Opinión / DICIEMBRE 07 DE 2020

Parque De la Vida

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Es bellísima Armenia, nuestra ciudad. Está colmada de lugares hermosos para disfrutar del aire fresco, el paisaje, una grata compañía y un buen café.

Su incomparable clima se suma a la majestuosidad del paisaje que la rodea, a su topografía que hace fácil recorrerla y la belleza urbana, pues es un territorio que ha ido evolucionando de muy buena manera.

Al norte, cerca del parque Fundadores, se tiende como un oasis verde y pulmón de la ciudad el parque De la Vida, uno de los más preciosos de la capital quindiana.

Especies vegetales incomparables, flores de muchos colores, agua reunida en el lago y la cascada, guatines, mariposas, música de aves, escenarios deportivos, senderos, puentes, entornos para la lectura y la conversación, oxígeno purísimo; son entre muchos los atractivos de este sitio, que debe activar en los habitantes de la tierra el máximo orgullo, pues es digno de nombrar, apreciar y disfrutar.

Existen muchos motivos por los cuales debe ser un destino predilecto para paseos personales y familiares, también el primer lugar al que invitemos a cualquier persona que llegue, algunos de ellos son:

Primero. Es un santuario natural en el corazón de la ciudad. Muchas personas en el mundo, sobre todo en Europa, deben recorrer miles de kilómetros para encontrarse con la naturaleza. Habitan en selvas de cemento carentes de vegetación y vida silvestre. 

En Armenia tenemos el privilegio de gozar de un parque inmenso, para deleitarnos durante días completos con múltiples expresiones naturales.

Segundo. Es un recinto de la vida. Maravilloso poder ver, libres y felices, guatines, patos, aves; apreciarlos y disfrutar su hermosura sin perturbarlos. En el parque se pueden escuchar sinfonías con toda clase de trinos, pues son muchas las especies de aves que están allí.

Tercero. Luz, viento y agua fluyen generosos. Disfrutar del sol tibio en la mañana o en el atardecer, sentir la brisa acariciando la piel, dejarse atrapar el alma por el transcurrir del agua, como una metáfora de la vida misma: impredecible y cambiante, es un banquete para el espíritu y un descanso para el pensamiento. 

Cuarto. Cuenta con excelentes senderos. Están bien pensadas las rutas que permiten recorrerlo, son suaves y tendidas, para que incluso los ancianos puedan desplazarse sin riesgo, ejercitarse y disfrutar del contexto natural. También brinda opciones a quienes tienen limitaciones en su movilidad.

Quinto. Lugar para el recogimiento y la reflexión. Nada mejor que meditar en una de sus bancas, junto al lago o en los pastizales, haciendo un viaje hacia el propio ser. Es ideal para estar consigo mismo sin interrupciones, gozando de los bellos aromas y serenos sonidos de la naturaleza.

Sexto. Área para la integración familiar. El parque permite que un paseo se convierta en un evento, pues constituye el espacio perfecto para el deleite de personas de todas las edades, para el diálogo, la risa y el juego. Es ideal para descansar… juntos.

Séptimo. Excelente alternativa para la práctica del patinaje y el tenis. Dos deportes magníficos, que tienen dentro del parque, escenarios únicos.

El parque De la Vida es un tesoro para apreciar, redescubrir y compartir. En diciembre mucho más, en los días de velitas que serán allí, noches luminosas de farol y de color...


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