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Opinión / ENERO 09 DE 2016

Paz y cisne negro

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Sin metáforas de por medio, la sola estampa del sociable cisne bruno, como escapado de algún umbrío estanque vampírico, es atrayente: dúctiles cuellos. Purpúreos picos. Más insinuante aún, es la Teoría del Cisne Negro –eventos perturbadores con enormes secuelas inesperadas– concebida por el matemático, políglota ensayista y “Empirista escéptico”, Nassim Nicholas Taleb. Creador de actualizado discurso sobre la suerte, el azar, la incertidumbre y las probabilidades, hoy por hoy manejado por múltiples investigadores de la historia contemporánea, sobre el desarrollo no dialéctico de las sociedades.

Aprovecho algunos de sus principios epistémicos para sostener, desde ellos, mi punto de vista sobre los diálogos de paz en Colombia que tanto hoy, como ayer y mañana, incontables y estólidos detractores y defensores tienen, tuvieron y tendrán en la prolongada escala de la información y desinformación, superficialidad de juicios y excitación argumentativa en contra o en favor. Normal para individuos cuya naturaleza condicionada les impele a permanecer en específica arista política o ideológica para contribuir, desde ahí, a salvar a Colombia de “los malos”. Ni guerreristas ni pacifistas: son salvacionistas. Con sus circunscritas manifestaciones, ninguno de ellos me emociona.

Ambas corrientes están bajo las leyes del azar explicadas en la Teoría del Cisne Negro, definida por Taleb como “un hecho improbable, impredecible y de consecuencias imprevisibles”. Los diálogos lo han sido. Sus secuelas lo serán más todavía, contra todo pronóstico de aquellos y estos. Sin ceñirse a expectativas de izquierda o derecha, Colombia no se va a desmoronar porque se logre la paz y los exguerrilleros se conviertan en fuente de cambios sociales, pero tampoco continuará como la han conducido sus obtusos dirigentes, dándole continuidad a confrontaciones que tanto desean muchos. No un Cisne Negro. Una bandada, la presiento en la medida que se establezcan acuerdos entre guerrilla y gobierno, reventando prejuicios en los espectadores del patético cortometraje. Cisnes Negros sobrevuelan  por las expectativas del pueblo colombiano.

“Eventos extraños”, según Nassim, “no circunscritos en el campo de expectativas normales y lógicas de la historia”. Uno de los elementos del Cisne Negro, conlleva siempre a un impacto extremo. Tal teoría –mientras no asomen cisnes verdes o rojos que enmarañen el discurrir de la historia– señala que no se puede afirmar algo universal a partir de datos particulares de la experiencia, que es cuanto exponen guerreristas y pacifistas. Escribió Chesterton: “En el mundo moderno existe, quizás por primera vez en la historia, una clase de gente cuyo interés radica no en que las cosas sucedan bien o mal, próspera o adversamente, en provecho de este partido o en provecho de aquel otro, sino que consiste simplemente en que ocurran cosas—. Por cuanto me concierne, bajo la sombra de un yarumo observo el vuelo de las demás aves.


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