Opinión / MARZO 08 DE 2014

Perelmán, Dios y Jesús 

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Cuando interrogaron al asceta matemático ruso, Grigori Yakovlevch Perelmán, de dónde surgió su idea para solucionar uno de los siete problemas matemáticos del milenio, Conjetura de Poincaré, respondió: “Me inspiré en la caminata de Jesús sobre las aguas”. Poesía, religión y matemáticas compaginadas en un demostrativo suceso científico del siglo XXI. Aunque encuentro a Dios cada instante del día, me encanta percibirlo en lugares más allá de la naturaleza. Las matemáticas, por ejemplo. Al individuo de nuestro milenio, matemáticas y física pueden convertírsele en placenteros medios para perder y reencontrar a Dios.

Encontrarlo en más complejos niveles de realidad, como sucede con la demostración que Perelmán hace de la Conjetura de Poincaré en cerca de 500 páginas. Cuando Dios se observa en el espejo de los números, se vuelve solemne entre campos donde le circunscriben o liberan las ecuaciones. Podemos entonces acercárnosle sin tropos, a la manera del veterortodoxo cristiano Grigori Perelmán, virtuoso calculando los vacíos presentes por todos lados y sus componentes para llenarlos.

Por resolver dicho problema, ganó un millón de dólares: “No necesito nada, lo tengo todo”. Ante la sorpresa del mundo científico y del Clay Mathematics Institute de Boston, puntualizó, negándose a recibir tal retribución: “Cualquiera puede entender que si la prueba es correcta, no se necesita ningún otro reconocimiento”. Este genio señero a nadie explica su proximidad con Dios y Jesús. Su visión del mundo no es alucinada cuando afirma sin arrogancia: “Sé cómo gobernar el universo. ¿Por qué correr entonces tras de un millón de dólares?”. Su teorema enseña: “Una variedad tridimensional cerrada con grupo fundamental trivial, es homeomorfa a la esfera tridimensional.

Y aclara: “Si una superficie de tres dimensiones es parecida a una esfera, entonces se puede colocar en una esfera”. Pienso que Jesús caminaría de nuevo sobre las aguas de un mar, un lago, una gota de rocío o un arroyo quindiano, por el gusto de encontrar otra inferencia análoga a la de Perelmán. Junto con el empleo de la ecuación del grupo de renormalización, elemento propio de la teoría de campos en física, la sugestiva imagen del nazareno caminando sobre las aguas del mar de Galilea, inspiró al casto matemático la solución del problema.

La evidencia de la Conjetura de Poincaré, por abstracta que sea, es aplicable al estudio de la formación de tumores en cancerología y  un sólido punto de partida para estudiar sustanciales fenómenos físicos que ocurren en el universo. Huyéndole a fatuos reconocimientos sociales, igual que el matemático Paul Erdös -otro genio renunciante-, Perelmán trabaja, hoy por hoy, en la demostración matemática de la existencia de Dios, sonríendole tal vez desde alguna ecuación diofántica. Rigor perfecto, es el libro que la periodista gay Masha Gessen escribió sobre Perelmán. 

 


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