Opinión / JUNIO 21 DE 2014

Pihkal y Tihkal: cimas o simas

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Bitácora de expediciones sin regreso, por múltiples atractivos para drogófilos o drogofóbicos estos dos transgresores libros son la polícroma biblia de los psicotrópicos. También lo han sido para la DEA y la FDA, desalineando la atención hacia sus indicadoras investigaciones farmacológicas en torno a fenetilaminas y triptaminas. Ambos títulos son acrónimos: el primero, significa Fenetilaminas que he conocido y amado (1992); el segundo, Triptaminas que he conocido y amado (1997). Vivencias, exploraciones ineludibles como pocas en la bibliografía de las drogas psicotrópicas donde chispean, con enceguecedoras imágenes, textos de Michaux, Huxley, Burroughs (quien estuvo en Colombia, buscando yagé), Castaneda, Leary o Crowley, entre incontables estudiosos del tema, menos retóricos, escribiendo sinuosos panegíricos a partir de sus búsquedas individuales, sus triunfos y decepciones. Descomunal boleto de entrada a dimensiones ultradesconocidas, este par de voluminosos textos, (1.782 páginas) para despeñarse sin bridas en oquedades del cerebro, la mente, la conciencia, la química o el delirio, son minucioso catálogo de alucinógenos provocadores de indefinibles experiencias táctiles, auditivas, espirituales, estéticas, visuales, dilatadoras del tiempo, productoras de confusiones amnésicas; antidepresivas, estimulantes, empatógenas, entactógenas y neurotóxicas.

Escritos por Alexander Teodoro Shulgin y su esposa Ann, cuantos resuelvan convertir en pánico su cotidianidad hallarán en Pihkal y Tihkal evidencias científicas para argumentar todo tipo de hábitos, o cualquier conducta paradójica. Shulgin, el químico psicodélico más importante en la historia de la humanidad, falleció hace 20 días. Esta columna es mi ofrenda a la obra y vida de quien abogó por legalizar las drogas en sociedades utópico-distópicas. Escuchando el Requiem de Mozart, tuvo una majestuosa experiencia estética que le indujo a sintetizar y escarmentar consigo mismo más de 230 sustancias psicoactivas.

"Entendí que nuestro universo entero está contenido en la mente y en el espíritu. Podemos elegir no hallar el acceso, podemos incluso negar su existencia, pero en verdad está dentro de nosotros y existen químicos que pueden catalizar su disponibilidad”, precisó Daddy Ecstasy, apodo de este alquimista del siglo XX. Shulgin expuso cómo, mediante escueto tweak molecular, se obtienen infinidad de variaciones químicas capaces de proporcionar efectos entactógenos de portentosas intensidades, duraciones, categorías físicas, emocionales, sicológicas, religiosas o sexuales. La alquimia psicodélica, acerca a Shulgin a la piedra filosofal de las sustancias alucinógenas. Estas obras-tobogán, ayudan a deslizarse vertiginosamente y sin freno - ofrendándole culto a la muerte y al suplicio- hacia zonas donde los rincones oníricos de Lovekraft parecen cuentecillos de hadas. Shulgin introdujo el MDMA o penicilina del alma.

La IV parte de Tihkal me sobresaltó por los iconoclastas discernimientos de Alexander sobre el Big-Bang: “Hay conjuntos infinitos que no contienen todas las combinaciones posibles”, sostiene. Desde sus respectivos vacíos Dios y el demonio festejan, anfitriones de drogófilos de todo tipo, los atajos que Shulgin delineó hacia sus reinos. 


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

copy
© todos los derechos reservados
Powered by:Rhiss.net