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Opinión / JULIO 23 DE 2017

Plagiadores quindianos

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El delito no es nuevo. En forma chistosa, con leve ironía y fino humor, el exbigobernador Mario Gómez Ramírez (1978-1979, 1992-1994) comentó que frente a un libro siempre pregunta al autor cuánto de su contenido es suyo.


Así me lo expresó en la calle y en enero 13 de 2008 cuando disfrutamos en la plaza de Armenia la despedida del torero César Rincón.

El plagio es actualidad. Se recuerda que mediante varias formas de apoderamiento de ideas ajenas, el presidente mejicano Enrique Peña Nieto, para recibir el título de abogado hace 26 años, en la universidad Panamericana dependiente del Opus Dei, transcribió el 28% de su tesis de grado, sin reconocer autoría ajena. 

El mandatario copista reprodujo textualmente fragmentos sin cita al pie de página ni en la bibliografía o dio crédito al escritor en forma imprecisa y ambigua o sin escribir el título y el autor del tomo de la que fue tomado diciendo lo mismo con otras palabras. 

A fin de dar brillo al trabajo refirió en la bibliografía pero no en sus páginas, el libro Plutarco Elías Calles: reformar desde el origen, del profesor Enrique Krause, de quien calcó diez líneas de manera literal sin mencionarlo. 

Al terminar de leer uno de los tantos textos de un pensionado universitario setentón de Armenia me quedó la sensación de que había devorado revistas y periódicos viejos; comprobé además, que salió a pescar fotos en la mar de la internet. 

El estafador cultural fabrica textos en serie, por encargo, solo con interés dinerario -no académico- para ganar unos pesos comerciándolos al por mayor, con influencias políticas o amistad: trescientos a Casanare, doscientos a Risaralda, cien a Tolima. Como quien sale a peatonales y avenidas, olla al hombro, a vocear fritanga. 

En el mundillo cultural Quindío no existe porque no publica. Aquí poco o casi nada serio se produce, aunque hay meritorias excepciones.

Hace 15 años la revista Semana sacó a un columnista de Armenia, luego de que un estudiante antioqueño informó que ya la había leído en una publicación estadounidense. 

Siento intenso dolor moral al mencionar a dos paisanos bien preparados, que cayeron en semejante tentación; no dieron ejemplo. Esta falta también la cometió el nobel de literatura Camilo José Cela.


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