Opinión / JULIO 04 DE 2022

Poder y gobierno

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Es oportuno recordar la diferencia entre el poder y el gobierno. Lo primero es la capacidad de A para imponer a B su voluntad, aun en contra de la voluntad de B; gobernar, en cambio, es gestión y dirección  política con propósitos colectivos, es decidir preferiblemente  en consenso o mayorías con arreglo a normas y diseños institucionales. Asumir el gobierno no significa la toma del poder, el gobierno es el punto nodal de las decisiones políticas pero no es el poder mismo, ni siquiera de todo el Estado.

El poder está irrigado asimétricamente en el conjunto de la sociedad, pues existen actores, factores y prácticas de poder que tienen capacidad suficiente de veto, es decir, de impedir, obstaculizar, entorpecer, ralentizar, o de hacer fracasar los propósitos de un gobierno.  Entender esta dinámica permite que el Pacto Histórico no se convierta en un obstáculo para el presidente electo. Ya lo vimos con los senadores Gustavo Bolívar y Alexander López que se consideraban llamados a presidir el Congreso por el hecho de ser los puros del Pacto Histórico.

Es pertinente además recordar que el poder no se tiene, se ejerce,  pues éste no es una cosa, es una relación de autoridad entre autores, que toma forma legítima en las estructuras del Estado y en las instituciones, entendidas éstas como normas internalizadas que brindan estabilidad social; por consiguiente, asumir el gobierno no es asumir el poder, éste último exige gobernanza, esto es, capacidad de dirección y coordinación con otros actores y factores de poder que permitan gobernabilidad.

Aceptar estas premisas facilita comprender las acciones del presidente electo a instancias de lograr el acuerdo nacional propuesto: Escogencia de ministros de centro de reconocida trayectoria como hombres de Estado, guiño a un parlamentario curtido en las practicas del Congreso como el próximo presidente de esta corporación, reunión con su competidor en segunda vuelta, conversaciones con los parlamentarios de agrupaciones políticas tradicionales y  jefes políticos de agrupaciones opositoras, y contactos diplomáticos  con líderes mundiales. Todo ello para generar un clima de confianza crispado por sus adversarios que construyeron un relato perverso sobre el presidente electo. 

El propósito final de un gobierno de centroizquierda, debe en el mediano plazo constituir una nueva cultura, una ética de lo público, nuevas visiones, nuevos valores, nuevas prácticas sociales, nuevos diseños institucionales, es decir, se trata de construir gradualmente un nuevo bloque histórico de poder. Este propósito gigantesco es un proceso transicional cuya característica es la tensión entre fuerzas conservadoras que luchan por mantener el statu quo y las fuerzas que impulsan, promueven, institucionalizan y dan forma y contenido al nuevo proyecto histórico. La centroizquierda ha tomado la iniciativa para gobernar a Colombia, esto es esencialmente el cambio, hasta el momento. 

El éxito de la izquierda y del centro debe tener su réplica a escala territorial. Así que los grupos que conforman el Pacto Histórico en el Quindío requieren sensatez, amplitud, pluralidad, para conquistar la gobernación y las alcaldías y no repetir la experiencia de la Cámara de Representantes.


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