Opinión / MAYO 25 DE 2022

Por el ambiente

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

“Nuestro pánico es nuestra fuerza: durante la sexta extinción masiva, ¿en qué lado de la historia quieres estar? La crisis climática es hoy, la crisis climática ya está aquí, no es algo de las próximas generaciones. Durante nuestras vidas veremos hambrunas masivas como nunca antes se han visto…” (Colectivo Rebelión Científica).

Por eso es necesario reiterar que debe ser el ambiente. Es cada día más pertinente, más prioritario, más urgente que cuando apoyemos con nuestro voto una propuesta de gobierno, local, regional o nacional, sea porque esta esté comprometida con la protección y defensa del ambiente para el logro del bienestar colectivo y la defensa de la vida misma.

No estamos solamente en un momento histórico crucial donde está en juego la construcción de una democracia profunda, que sea la expresión de las inmensas mayorías, donde se recoja las demandas de las colectividades y se escuche de manera vinculante sus propuestas para que en este inmenso territorio sea posible la convivencia en paz.    

Es inaplazable, es totalmente oportuno, dar cabida a las soluciones ambientales ante la ocupación e intervención de los territorios. No se puede seguir bajo el pretexto de la consecución de la riqueza que por demás nunca llega a las poblaciones. Como lo he expuesto en diferentes ocasiones, no se puede seguir destruyendo inmisericordemente nuestro entorno que es el que nos garantiza la vida en medida que por igual seamos capaces de protegerlo. 

Son innumerables puntos que desde diferentes espacios se proponen para revertir o al menos frenar, lo cual es posible, la crisis climática y ecológica por la cual atraviesa el planeta entero y nuestro país no es la excepción. Estamos, según lo reiteran los científicos, en el punto crucial para caer más en el abismo o redireccionar para evitar nuestra propia extinción.

Por lo inmediato se requiere volver a producir nuestros propios alimentos. Alrededor de 12 millones de toneladas de alimentos importa Colombia cada año. Urge que recuperemos la seguridad y soberanía alimentaria para que nuestra población no siga padeciendo hambre. Se afirma que al menos 15.9 millones de colombianos no consumen más de dos comidas diarias y muchos de estos solamente una al día. Son 5 millones que sufren de desnutrición y el 54.2 % de los hogares en Colombia no cuentan con seguridad alimentaria.

No olvidemos que quienes alimentan a la humanidad son esencialmente las familias campesinas y no el agronegocio. 

Otro asunto esencial es la “economía fósil” basada precisamente en los combustibles, en la energía derivada del carbón, el petróleo y el gas. Por igual debemos de repensar las ciudades, que deben ser más pequeñas y menos grandes. 

Debemos humanizar las urbes. Proteger la diversidad biológica y todas las reservas naturales. El acceso al agua de calidad considerado hoy un derecho humano, debe ser una prioridad. Y esto y otro tanto se logrará fortaleciendo la participación ciudadana vinculante.

Votemos por el ambiente para vivir en sociedad y en plena paz. 

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