Opinión / DICIEMBRE 18 DE 2022

Por el territorio de los muertos V

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En la fila hacia el cementerio Central vimos a la senadora María José Pizarro, que llevaba un ramo de flores y esperaba, como nosotros, que el vigilante abriera la maciza puerta de acceso. Iba sola. Era fácil identificarla, ya que fue la encargada de imponerle la banda presidencial a Gustavo Petro y aparece con frecuencia en la televisión y los periódicos. 

Después encontramos depositadas las flores en la tumba de su padre, Carlos Pizarro Leongómez, el legendario comandante del grupo guerrillero M-19, quien luego de dejar las armas y firmar la paz con el gobierno fue asesinado, siendo candidato presidencial por su movimiento político, en abril de 1990. Es uno de los mausoleos más bellos del cementerio.  Representa la memoria de una de las tantas etapas turbulentas del país y evoca el símbolo de la guerra y la paz –que hace recordar la inmortal novela de León Tolstói–.

Más adelante vimos una placa en mármol blanco, muy bien conservada, con esta leyenda en español y polaco: “En este lugar, descansa en paz el coronel Felipe Mauricio Martín (Filip Maurycy Marcinkowsi), hijo de Polonia, prócer de la Independencia de Colombia”. Y agrega que la embajada de Polonia en Bogotá “erige esta placa como testimonio de los lazos de amistad entre ambas naciones”. En efecto, el coronel Martín (1786-1853) cumplió valerosos actos en la causa libertadora de Colombia. Hoy su nombre está perdido en el decurso del tiempo, pero perdura esta insignia memorable en la necrópolis bogotana. Falleció hace 169 años. ¡Honor al mérito! 

La tumba de Luis Carlos Galán Sarmiento (1943-1989), asesinado en Soacha cuando era el más probable vencedor de las elecciones presidenciales de 1990, es otro vestigio de la guerra atroz que ha azotado al país desde los propios inicios de la Independencia. Está cubierta en mármol blanco. En ella hay una inscripción que dice: “Quiero que el país me recuerde como el hombre que ayudó a cambiar el modo de pensar de la Nación”. Aquí y allá, y sin que lleváramos un rumbo fijo, fueron surgiendo las sepulturas de grandes líderes del país en épocas remotas y recientes, mezcladas a veces con sepulturas incógnitas. Este es el ambiente de los cementerios.  

Como parte de esta crónica que se mueve en el ámbito de las armas, de las guerras y del sacrificio de vidas en los campos de batalla, y en defensa de la patria, cabe resaltar los panteones del Ejército de Colombia y de la Policía Nacional. Son edificaciones antiguas y espaciosas que sobrecogen el ánimo al hacer pensar en la cantidad de historias y de hechos heroicos que encierran esas paredes. Ambos panteones muestran la vejez derivada del paso de los años y hoy ya están clausurados al haber llegado al tope de su capacidad. 

En la época moderna, estos recintos funcionan en los Jardines de Paz ubicados en el norte de la ciudad, en amplias extensiones de terreno, y están destinados además a los miembros de la Fuerza Aérea y de la Armada Nacional.  


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