Opinión / MARZO 04 DE 2021

Por los afectos al melodrama

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Mi buen amigo A.A. reniega del excesivo melodramatismo de la balada latinoamericana, pero sé que en el fondo hay más de una canción de esta vertiente −sumada a los tangos y los boleros desgarrados− que le remueven sentimientos y lo ponen de lágrima fácil. Mi otro buen amigo C.A., que es un hombre feliz, disfruta como el que más los múltiples registros del melodrama y la sensualidad lloriqueante de Camilo Sesto y Roberto Carlos −O Rey−, entre otros.  

Libadores consuetudinarios, mis dos buenos amigos saben que disfruto —¿o padezco?— con unas cuantas baladas, y que al correr de las copas y los recuerdos también me pongo de lágrima fácil. No deja de ser extraño que nos guste atizar con la música y el licor dolores por amores ingratos e irremediablemente perdidos. Cuando la herida ya parece cerrada somos expertos en volverla abrir y dejar caer en ella esos cristales de sal que son las canciones dedicadas a la mujer que un día nos dijo sí, o las escuchadas hasta el hartazgo en noches de romanticismo y pasión. Más patético aún es tener un repertorio de canciones proyectadas hacia amores imposibles. “No hay nostalgia peor / que añorar lo que nunca jamás sucedió”, escribió Joaquín Sabina.

Sin embargo, no todo es melodrama y patetismo en la balada latinoamericana. La exaltación de valores culturales y la añoranza del terruño y los paisajes también motivaron grandes canciones, como Vino griego, la versión que hiciera el cantautor canario José Vélez de la canción Griechischer Wein, del austriaco Udo Jürgen, y que se convirtió en un hit a mediados de los 70: “Ven a brindar / con vino griego de mi tierra natal / el vino rojo que me hará recordar / un pueblo blanco que dejé / detrás del mar”.  

Griega, como el vino al que le cantó José Vélez, era Melina Mercouri, la actriz y política inspiradora del éxito de Camilo Sesto de 1975. Melina es una de esas canciones que entonamos a grito herido, y aunque por algunos de sus versos puede confundirse con una canción romántica, en realidad fue la gesta activista y opositora de Mercouri en lo que se fijó el cantautor. Después de su exilio en Francia por cuenta de la Dictadura de los Coroneles, Melina retornó a Grecia para convertirse a principios de los 80 en la primera mujer en ocupar el Ministerio Cultura. “Mujer / tú naciste para querer / has luchado por volver / a tu tierra y con tu gente”.

Uno de los planes insustituibles, aunque aguado durante varios meses por la pandemia, es departir con amigos en alguno de los bares dedicados a las baladas. Y es que, aunque exista una emisora que nos taladre todo el día con una programación muy básica, y podamos tener varias listas de reproducción en nuestros dispositivos, no hay como el ritual de asistir a estos lugares fascinantes donde reina lo kitsch y la nostalgia, y donde conviven sin problemas el amor, el desamor y la soledad. 


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