Opinión / ENERO 28 DE 2021

¿Por qué?

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Mientras el gobierno subsana su incompetencia para adelantar el proceso de inmunización de la población vulnerable a la Covid-19, la infección sigue creciendo tal y como lo facilitan gobierno y ciudadanía. Por un lado la incapacidad y falta de creatividad gubernamental; por el otro, la negligencia y agotamiento ciudadano para acatar las medidas de prevención. Unos y otros se atribuyen culpas, pero pocos se detienen a buscar explicaciones de por qué esos comportamientos. También es cierto que la ciencia en general y la del comportamiento en particular, poco eco tiene entre la clase política responsable de gestionar, precisamente, los comportamientos humanos.

El estudio de la naturaleza humana puede dar explicaciones con las cuales imaginar y crear alternativas que ayuden a revisar conductas que resultan contraproducentes para la supervivencia nuestra; por ejemplo, el comercio de vida silvestre, la devastación de los bosques y la industria de la extracción, por citar algunas. Pues bien, David Robson, el autor de La trampa de la inteligencia: por qué la gente inteligente hace tonterías y cómo evitarlo, contribuye a auscultar el comportamiento a través del examen del error generalizado de subestimar la rapidez con que aumenta un valor, llamado “el sesgo de crecimiento exponencial”, lo cual puede explicar por qué la gente no acata las pautas del autocuidado para prevenir la transmisión del SARS-CoV-2 y sus variantes.

Sabemos que la cognición es lenta, que el cerebro es inmediatista y que mínimamente se ocupa del futuro; además, como afirmó el premio nobel sir Charles Sherrington: “El propósito de la vida es un acto, no un pensamiento”, y si además, acogemos la invitación de Roger Sperry, a ver el “cerebro objetivamente como lo que es, a saber, un mecanismo que gobierna la actividad motora”, podemos comprender por qué tener sensatez es complicado y más complicado aún detenerse en digerir el crecimiento exponencial, así que obvia proyecciones. En esa línea del llamado al pragmatismo mental, Gazzaniga sigue a Daniel Wolpert al afirmar que “pensar, planificar, recordar, emplear los sentidos, etc., son simples herramientas (…) para incrementar la robustez del control motor en entornos cambiantes e inciertos”. Con todo esto, se facilita comprender por qué mantener a la gente sumida en una cuarentena de muchos meses, limitarle el acceso a los recursos para la supervivencia, restringirle el encuentro y la interacción social es difícil de sostener, excepto por la fuerza ¡y eso!

Así pues, es importante que los tomadores de decisiones piensen en cómo contrarrestar la ligereza matemática y la superficialidad cognitiva para interiorizar que la propagación de la Covid-19 es exponencial, por eso la probabilidad de mantener las medidas de distanciamiento social, lavado de manos o el uso de mascarillas es limitada. 

De ahí la importancia de que el gobierno tenga en cuenta que antes de formular políticas públicas, implementar estrategias o llevar a cabo acciones de prevención en general, se detengan a revisar el por qué la gente hace lo que hace si sabe que es contraproducente para sí misma.


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

copy
© todos los derechos reservados
Powered by:Rhiss.net