Opinión / JUNIO 11 DE 2021

Prospectiva y concreción

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En sentido clásico, este término de origen latino, se ha entendido como una forma de anticipar lo venidero en algún tema específico; es decir se refiere a futuro. Bajo ese concepto se ha escrito, desde hace muchos años, sobre amplia diversidad de temas y situaciones; en otras palabras, se trata de una inquietud conceptual permanente.

Teóricos pioneros como los franceses Gaston Berger, Philipe Durance, Bertrand de Jouvenel y Michel Godet, considerado este último el padre de la prospectiva y quien fue durante más de 30 años profesor del Conservatorio Nacional de Artes y Oficios en París en la cátedra de prospectiva, o más contemporáneos como el colombiano Francisco José Mojica, coinciden en que la prospectiva, siempre basada ineludiblemente en información, es una mirada disruptiva respecto del presente, altamente creativa, no lineal como lo pudiera ser la planeación estratégica, gestionadora de la incertidumbre, fundamentada en un  pensamiento imaginativo, que rompe esquemas para construir conocimiento.

Hoy día, seguimos hablando de tendencias mundiales o escenarios de futuro y nuestra región no ha sido ajena a esa situación; sin embargo, cabe preguntarnos, ¿qué ha pasado con la ‘prospectiva’ regional, remozada por cada administración, y las expectativas concretas de los ciudadanos?

Para conciliar esos dos momentos, encontramos en la educación en general y la superior en particular, un camino. Así, desde la Universidad del Quindío, referente académico del territorio, estamos atentos para, desde la conversación social; es decir, alineados con las enseñanzas de la pandemia, los inocultables requerimientos del paro nacional y en conjunto con la sociedad civil, la empresa privada y el Estado, dar respuestas innovadoras, concretas y útiles que, si bien estén enmarcadas dentro del concepto de la prospectiva, no se conviertan en horizontes tan lejanos que simplemente generen expectativas y luego desencantos.

Para ello, propongo una bitácora desde la cual se construyan escenarios de bienestar y buen vivir en los cuales las brechas de exclusión desaparezcan y difuminen ese no futuro que para algunos está presente. Basados, entonces, en los criterios básicos con que se han desarrollado estudios de este tipo en la Uniquindío, habría varias etapas o fases de análisis: 1. Para caracterizar los elementos fundamentales del análisis prospectivo, 2. Para determinar los factores más sobresalientes y ordenarlos en un sistema donde se pongan en evidencia las relaciones de causalidad,   3. Que identifique expertos y precise los actores sociales, 4. Para razonar el futuro de la región y reconocer las situaciones o escenarios posibles y probables y, 5. Para identificar las metas y actividades en ese nuevo escenario.

Hago, por tanto, un llamado respetuoso para que las organizaciones sociales de base, la academia regional, los empresarios en general, la Cámara de Comercio de Armenia y del Quindío, el Comité Intergremial, integrantes de los clústeres, la Corporación Quindío Competitivo, Comité de Cafeteros, la gobernación, alcaldías, entre otros, nos comprometamos efectivamente con este propósito.  


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