Opinión / SEPTIEMBRE 20 DE 2021

Pulpito y…

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Aparece el fantasma del debate entre fe, o religiosidad y política, pero para despejar ese incesante debate que quieren algunos revivir con el ánimo de distraer o azuzar para lograr objetivos políticos debemos recordar el recorrido de este dúo.

Para nadie es un secreto que los papas asumieron la suprema autoridad por la fe que se estaba imponiendo en occidente, y en tal virtud al monarca lo entronizaba el jefe de la iglesia y este quedaba imbuido de la autoridad de dios y de los hombres. Lo que llamaron algunos la teoría de las dos espadas. Napoleón arrebató simbólicamente la corona para dar el mensaje que allí comenzaba el principio del fin de esa autoridad.

Pero veamos como los insurrectos de la época feudal ya profesaban “el mundo no será libre hasta que ahorquemos al último rey con la sotana del último cura”, sentimiento condenable hoy por la alusión a la violencia. Y eso es tan condenable como la orden desde los pulpitos a partir de 1930 de manifestar que los liberales eran enemigos de la iglesia en Colombia, lo que perduró durante décadas, a tal punto que a muchos hubo de enterrárseles en cementerios especiales.

Pero sigamos con la historia de Hipatia, la mujer conocimiento, que hicieron despellejar viva en nombre de una religión. O la persecución al conocimiento en la jornada de la inquisición en nombre de un Dios. A comienzos del siglo pasado se predicaba por algunos “la religión es el opio del pueblo”, pero esto no es solamente con occidente o el cristianismo recordemos el holocausto de Armenia contra los cristianos. Más aún está de moda, veamos la realidad en Afganistán en la imposición de costumbres no laicas.

Una muestra es la pequeña exposición en 1913 de Uribe Uribe hablando de socialismo y cristianismo para apaciguar y acallar las voces enemigas por hablar de la libertad de cultos, lograda en 1991 después de un largo concordato. Hoy decimos que convivimos y en libertad religiosa. 

Pero la realidad es terca, ahora candidatos son de casas religiosas, otros candidatos buscan asumir las banderas de divisiones eclesiales, creando solo un nuevo y peligroso enfrentamiento convirtiendo la fe en fanatismo. Tanta fe tiene el que cree que el que no lo hace. Todos tienen un dios, Jesucristo en muchos es maestro, profeta o hijo de Dios. La justicia, la equidad, la paz, la no violencia, la unidad familiar, la defensa de la sociedad y aun de la propiedad son comunes a todas y todos.

La idea es vivir todos como en el salmo 133, me confieso católico, por ello no desconozco la fe de los demás, sino que la respeto. Esa confusión de política e iglesia nos puede hacer daño como en el pasado.
 


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