l
Opinión / MARZO 01 DE 2024

Punto Seguido

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

La paulatina privatización de los asuntos comunes suspendió el debate argumentado y nos sumió en dos limbos: el pensamiento crítico fue definido como enemigo personal o institucional y, claro, se abrió paso la idea de que el corporativismo, la sola iniciativa individual o empresarial, era la panacea.

La disidencia conceptual fue calificada como terrorista y la discrepancia estigmatizada, a contrapelo de la convivencia. Discernir y discutir fueron satanizados.

El sistema universitario, dominado por una agenda privatizadora o autosostenible, como eufemismo, perdió la brújula y fue cediendo durante un tiempo a la presión ideológica de convertir la educación en un servicio transable en el mercado. Lo mismo que ocurrió con la gestión de la salud.

Mientras eso pasaba, ese viento helado, los temas de discusión social y local fueron perdiendo espacio en las universidades públicas. Pocos centros universitarios mantuvieron sus programas de sociales e historia, y menos avanzaron en ampliar coberturas en artes y humanidades. Solo la normatividad protegió, con precariedad, a estos campos del conocimiento. Una parte de la dirigencia universitaria se la jugó toda por la formación tecnocrática y productiva, como radicalización del neoliberalismo.

La llegada a la rectoría de la Universidad del Quindío del Ingeniero Luis Fernando Polanía Obando, hace menos de un año, abrió otras esclusas de convivencia y debate en los espacios universitarios. La idea de escuchar y actuar en y desde el territorio es un enfoque conceptual distinto, aunque pasado el tiempo con algunas dificultades.

La Universidad del Quindío en la creación, interacción o comunicación del pensamiento ha sido por decenios endogámica, como aún lo son muchos centros académicos de las regiones. 

Lo más complejo para desarrollar una idea tan pertinente y ambiciosa, como lo es actuar desde la conexión territorial, está en el mismo organismo universitario: decenas de docentes, muchos directores de programas y otro tanto de administrativos, se parapetan detrás de su metro cuadrado de confort académico y laboral. La indolencia de algunos de esos círculos es notable. Solo corresponde escucharlos, altivos, defendiendo privilegios o, mejor, verlos en silencio, agazapados, ante los grandes debates culturales, científicos y sociales que se deberían dar en el departamento.

Esta iniciativa del rector Polanía Obando, combinada con su puesta en práctica de una convivencia plural y dialógica dentro de la Universidad requiere, de una manera proactiva, el compromiso de los demás estamentos.

Desde el año pasado, con Carlos Andrés Castaño, director de la oficina de atención de graduados, y ahora con el rigor académico de la vicerrectora de Extensión y Desarrollo social, María Alejandra Giraldo, proponemos desde la Revista de egresados Punto Seguido una serie de discusiones públicas, que necesitan la atención y el análisis de la sociedad quindiana.

Punto Seguido, con temáticas focalizadas en el agua, las redes sociales y el mundo virtual, la salud mental, y después la crisis ambiental, es solo la apertura de una ventana mediática, que estimula el nacimiento de otras formas de conversación y la conciencia hacia el territorio físico y virtual.

Punto Seguido y Sintagma, el nuevo periódico de la Universidad del Quindío, deben provocar y sostener un diálogo social, creativo y múltiple.


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

copy
© todos los derechos reservados
Powered by:Rhiss.net