l
Opinión / OCTUBRE 04 DE 2022

Putin, el nombre de la derrota

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Aun para avezados analistas políticos, son difíciles de precisar los objetivos y alcances previstos, versus logros o fiascos reales, de la invasión rusa a Ucrania. Los intrincados supuestos y decisiones de Putin, de su estrecho círculo de poder, permanecerán fuera del alcance del escrutinio público, quizás para siempre. El Kremlin ha sido y con seguridad continuará siendo, hermética bóveda de secretos, antes y después de las revoluciones de 1917. Sin embargo, vale recordarlo: no existe en la actualidad otra nación con mayor trayectoria histórica de actos imperiales contra terceros, que Rusia. El vasto territorio, de dimensión supercontinental, el más extenso país del orbe, con 17 y más millones de kilómetros cuadrados, arropado hoy en su bandera, bajo la ambigua denominación federativa, es el resultante de varios siglos de anexiones territoriales forzosas; algunas, como las de ahora, disfrazadas de voluntarias. Por insólito que parezca, avanzada la actual centuria, cuando se creía que semejantes hechos arbitrarios de fuerza, pertenecían al remoto pasado, la zarpa del oso obra, prevalida de su arsenal de ojivas nucleares, apropiando territorios ajenos, sin que el país víctima, ni la comunidad internacional, aparte de aplicar sanciones económicas y aislamientos diplomáticos, puedan impedirlo. 

A ojo del consumidor de información corriente, nutrida por agencias noticiosas con cubrimiento global, el propósito central de la agresión contra la limítrofe Ucrania, fue impedir la anexión del otrora país hermano al círculo político-militar de occidente, la Otan, y de paso, disuadir a otras naciones de su órbita geográfica de tomar acciones similares. Putin, además de un poder omnímodo y vitalicio, desea un blindaje a toda prueba contra la intrusa occidental, contraparte del actual trípode de poder planetario. No obstante, tras la entretela de bombardeos, destrucción y muerte, propios de horrendas aventuras tiránicas, se adivinan propósitos todavía peores. Detonar artefactos nucleares con falsos pretextos defensivos, para desencadenar una hecatombe -en la práctica un suicidio-homicidio de proporciones apocalípticas-, parece a estas alturas una posibilidad a elección de la mente alienada, escabrosa, perversa al extremo, del emperador Putin, concebida en la negrura de la KGB soviética. A nadie, menos al mundo democrático, conviene una victoria militar rusa en la guerra contra Ucrania; tampoco, y bajo ninguna circunstancia, resulta aceptable la consolidación de su rapiña de territorios. El mundo en goce de libertades, al costo que las circunstancias demanden, no tiene alternativa distinta a hacer respetar las normas de convivencia entre naciones civilizadas. Lo contrario, sería reabrir la puerta a conflictos cavernarios en los cuales prevalece el matoneo sobre la razón. En cualquier caso, vistos los sostenidos éxitos del ejército defensor, con el apoyo de los miembros de la Otan, el golpe económico-político de las medidas sancionatorias, la irreparable deshonra y el descrédito internacional, el perdedor neto, indiscutido, es la imperial Rusia, es Vladimir Putin, quien arrastra a la gran potencia, por todos reconocida en éxitos y avances en los más variados campos, a la más humillante de las derrotas.


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

copy
© todos los derechos reservados
Powered by:Rhiss.net