Opinión / AGOSTO 01 DE 2009

¿Qué será del referendo?

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Falta menos de un año para las elecciones presidenciales y aún no se sabe en que terminará el proyecto de ley que convoca el referendo que permitiría la segunda reelección del presidente Uribe. Esta incertidumbre impide el lanzamiento de candidatos, pues la mayor parte solamente aparecerían si no hubiera reelección.
El proyecto fue aprobado en la Cámara y en el Senado, pero este último reformó la pregunta, porque alguien sugirió que la que había servido para recoger las firmas de los ciudadanos, permitiría reelegirlo en 2014 pero no inmediatamente. Dicho sea de paso, ésta interpretación era incorrecta porque si algo estaba claro, era indiscutible, era que los que firmaron querían la continuidad del presidente, no su salida en 2010. Sin embargo, prevaleció la mentalidad de los leguleyos. La modificación hizo necesario acudir al trámite previsto en el artículo 161 de la Constitución, que culmina con la repetición del segundo debate en cada una de las cámaras, para conseguir un texto único.

Al inefable jefe del partido de la U, se le ocurrió recusar al presidente de la Cámara, la recusación no prosperó y complicó el trámite. Esa fue una primera equivocación del novel político. Ahora ha cometido una segunda: se ha apresurado a declarar que el proyecto está hundido, porque los nuevos presidentes de las cámaras impedirán la conciliación. Esa es una manifestación insensata e irrespetuosa. Para que tuviera algún fundamento sería necesario que esos dignatarios ejercieran un dominio absoluto sobre los congresistas, dominio que no existe ni ha existido jamás. O, lo que sería peor, que echaran mano de trucos o artimañas para determinar las votaciones. La sola suposición es insultante y altera el clima de sensatez que debe haber en las deliberaciones del Congreso.

A los anteriores errores se suma el cometido al recusar al representante Édgar Gómez, presidente de la Cámara. Se repetirá la historia de la primera recusación y se habrá perdido más tiempo.
Como se ve, un camino que estaba despejado se ha enredado por culpa de los que se dicen más amigos del gobierno. Los congresistas llegaron hasta el extremo de pedir la cabeza del ministro Valencia, pero el presidente desoyó la petición, posiblemente porque no aceptaba que tan hermoso trofeo adornara la biblioteca de ninguno de los inconformes.
Pese a lo anterior, no sería extraño que finalmente el proyecto llegara a la Corte Constitucional y ésta lo encontrara ceñido a la Constitución. En ese momento el presidente se encontraría en otra encrucijada: ser candidato, o abstenerse de serlo para atender la insinuación de Obama, que no fue velada sino directa, inequívoca. Ese sería un gesto de desprendimiento que fortalecería su imagen y acrecentaría su ascendiente sobre la gente.

Posdata: a todas estas, cada vez es menos clara la elección del fiscal general. Es evidente que si lo integrantes de la terna tuvieran la suficiente altura, ya habrían renunciado a la postulación. Al no hacerlo demuestran que para ellos lo importante es el nombramiento, y no cómo y por qué se hace y si ellos mismos están capacitados para el desempeño del cargo. Malos días le esperan a la Fiscalía…

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