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Opinión / ABRIL 18 DE 2024

¡Que ironía!

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

En el marco del Día Nacional de la Memoria y Solidaridad con las Víctimas del Conflicto Armado, en Colombia, la conmemoración del 9 de abril se tiñe de una amarga ironía. Mientras se honra la memoria de quienes han sufrido los estragos de la guerra, la zozobra por la persistencia de la violencia ensombrece el panorama.

Paradójicamente, en los departamentos como Cauca, Putumayo, Chocó, Nariño, Arauca y Norte de Santander, donde la belleza onírica de sus paisajes pareciera un escenario ideal para la paz, la realidad impone un desolador contraste: el paisaje de la guerra y la barbarie. La conmemoración de este día no se trata solo de un acto protocolario; es un llamado urgente a la acción. Es un recordatorio de que las víctimas, más de 9 millones en Colombia, no solo llevan las cicatrices del pasado, sino que aún hoy enfrentan los desafíos de la reconstrucción de sus vidas en medio de un contexto donde la violencia sigue latente. 

Los departamentos mencionados, con sus geografías que albergan una riqueza natural sin igual, se han convertido en escenarios de violencia persistente. Grupos armados ilegales continúan sembrando terror en las comunidades, vulnerando los derechos humanos y obstaculizando el anhelo de paz. 

Es imperativo que el compromiso con la memoria de las víctimas se traduzca en acciones concretas para erradicar la violencia y construir un futuro de paz duradera. La conmemoración del 9 de abril debe ser un catalizador para exigir al Estado colombiano que garantice la seguridad y el bienestar de todas las comunidades, especialmente en aquellas regiones más afectadas por el conflicto. Solo así, el contraste entre la belleza onírica de los paisajes colombianos y la desolación de la guerra podrá comenzar a desvanecerse, dando paso a un futuro donde la paz y la reconciliación sean una realidad tangible para todas las víctimas.

Llamado a la acción: 

Apoyar a las organizaciones que trabajan por la defensa de los derechos humanos y la construcción de paz en Colombia, no olvidar a las víctimas y honrar su memoria a través del recuerdo y la solidaridad, promover una cultura de paz y convivencia en las comunidades afectadas, trabajar por un futuro donde la violencia no tenga cabida en Colombia solo la acción colectiva y el compromiso de todos los sectores de la sociedad colombiana podrán transformar la amarga ironía de la conmemoración en una realidad de paz duradera. 

Hoy, más que nunca, ¡urge una gran constituyente por la paz con equidad y justicia social en Colombia!

Es imperativo que nos unamos como sociedad para buscar soluciones duraderas a los conflictos que han causado tanto sufrimiento. Una constituyente que refleje la diversidad y las necesidades de todos los colombianos, y que establezca las bases para un futuro en el que la paz y la justicia sean pilares fundamentales de nuestra nación. Es hora de trabajar juntos por un cambio significativo que beneficie a todos los ciudadanos y ciudadanas.

Adenda: 

¡Es preferible una bandera blanca, solitaria, tendida en la cúspide de la Paz, que mil banderas blancas tendidas en los féretros de quienes lucharon por esa misma Paz!


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