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Opinión / ABRIL 30 DE 2020

Quieres cambio para seguir igual

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

La presencia del coronavirus en Colombia es un generador transitorio de posibles cambios o daños por sus efectos sociales y económicos. Es el que impulsará nuestra manera de vivir y será el motor inminente de inaplazables transformaciones en esa otra parte de Colombia llena de múltiples vacíos y necesidades inmediatas.

Antes de la emergencia éramos conscientes de la existencia de diversos problemas y reclamos públicos, una nación en desarrollo con la esperanza de cambios futuros, que al divulgarse la emergencia ese concepto de patria y calidad de gobernantes se derriba con extrañeza y hasta rabia, al percibir esa magnitud de vacíos inhumanos o cara escondida de Colombia. Nuestra nación no está preparada para emergencias teniendo la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres que cuesta billones de pesos sin los recursos suficientes para atender esas necesidades sociales y empresariales y lo poco o mucho que dispone se gira a las regiones y, lo triste, se lo roban y así continuarán.  

Es increíble imaginar tanta maldad escondida donde nos rellenaban con esas mentiras y noticias encubiertas tapando lo que no querían mostrar, saturando ya la paciencia y aumentando el desconcierto de millones de colombianos, dando razón y con motivos más que suficientes y preguntarnos, ¿qué pasó con esos gobernantes de ayer y hoy que millones de ciudadanos eligieron para dirigir a Colombia?

Es el momento donde esa sabiduría disfrazada de nobleza y carisma que envolvía a candidatos, líderes y hoy gobernantes que mientras embobaban a la gente prometiendo luchar contra la corrupción, dirigían en silencio sus luchas ideológicas pensando no en beneficio público y sí para ellos, aprovechándose como siempre de la inocencia del pueblo. Es hoy, no mañana, donde se debe señalar y ponerles freno a esos dirigentes nacionales, regionales o vecinos y decirles, no más con ellos. Fuera de nuestras ciudades.

Nunca es tarde para descender un instante en el atardecer de la vida, bajarnos de nuestros balcones y gritar con alegría a recuperar y reconstruir nuestra nación y región rescatando las finanzas del país como ente multiplicador de servicios y generador de empresas, trabajando con toda la sociedad civil, valorando y protegiendo patrimonios públicos y privados, pues vale más perder unos meses que la lucha y esfuerzos de toda una vida.

No le tengamos miedo a los cambios pero sí al fracaso, aunque hemos fallado, postulando y elegido líderes equivocados, poco honestos. Las transformaciones se pueden iniciar y realizar ya, con profesionales y ciudadanos sanos que todavía existen, pero así: No hay que nacionalizar, ni expropiar, ni ultrajar, ni quitarle nada a nadie a la fuerza, ni robar, ni mentir, ni engañar, solo es servir y mostrar que su conocimiento capacidad profesional y humana está puesta al servicio de su familia, empresa, amigos y la nación.

Les recuerdo, mi Dios no castiga, premia y acompaña siempre al misericordioso.

 


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